domingo, 19 de julio de 2015

El día de las luciérnagas.



Toda fecha llega, sin duda alguna y el tiempo de espera es relativo: puede ser corto cuando no importa tanto o largo cuando se anhela con ahínco. 
El 18 de julio llegó, no puedo decir que lo esperé con ansias, porque no sabía exactamente lo que me esperaba, solo era un día en el que iría a ver el santuario de las luciérnagas a algún lugar en Tlaxcala. 
El paseo dio inicio en el Ángel de la independencia a las 12:00 horas, de donde salió una excursión de alrededor de 7 camiones hacía Nanacamilpa, en Tlaxcala. 
Recorrido paso a paso.
La primera parada fue a una tienda de esas que hay en las gasolineras, en donde siempre habrá un baño en donde hacer fila durante los 15 minutos de tiempo que da el chofer del camión antes de irse, para después salir corriendo a comprar unas papas de las que no se puede comer solo una y una coca ligth para aguantar el camino. Hicimos un recorrido aproximado de 2 horas desde el Distrito Federal (no seré muy buena con los tiempos porque yo iba disfrutando, no viendo el reloj) hasta llegar a Nanacamilpa, un pueblo pequeño con alrededor de 13,000 habitantes. Iremos a una feria -dijo el guía que se llama Víctor. El chofer del autobús (llamado Faustino) al llegar a Nanacamilpa se estacionó -después de algunas maniobras de digno trailero- cerca de la super feria. Bajé del camión buscando una feria justo como "una feria" debería ser en mi mente, sin embargo, encontré un camellón de una longitud aproximada de unas dos cuadras de largo con varios puestos de comida y fritangas que en realidad no debo comer, pero pues... bah, que al cabo no es diario. Al terminar la feria, había un camino lleno de árboles con un arco color blanco al final (ahí comenzó lo lindo). 
Después de recorrer la feria entera -y haciendo caso a mi mandamiento turístico número uno: deberás buscar el mercado, el kiosco, la iglesia y el palacio municipal de cada pueblo o ciudad que visites- decidí emprender la búsqueda al centro de Nanacamilpa. Pregunté a la señora de los chicharrones con cueritos y a unas mujeres afuera de una tienda que por dónde debería yo comenzar la trayectoria (siempre pregunto a dos o tres personas lo mismo, no vaya a ser que me manden a otro lado, y este podría ser el mandamiento número dos del turista) y las referencias de ambas fueron: "mira, te vas hasta donde se ponen los taxis y de ahí das vuelta a la derecha en la tienda de doña Lupe (vende verduras), pasarás por el mercado y de ahí das vuelta en donde está la paletería de Luis a la izquierda, ahí luego luego está el parque". Y pues allá voy... en el camino vi a un policía muy guapo dirigiendo el tránsito vehicular (es momento de rectificar la información que me dieron las señoras, pensé) y pues le pregunté que por donde podría yo caminar para ir al centro del pueblo, me dijo que caminara cuatro cuadras hasta llegar a la tienda de doña Lupe, ya con esa referencia, me di una idea cuantitativa de lo que tendría que caminar (porque es importante respetar los tiempos que marca el recorrido, mandamiento número tres del turista), así que tenía una hora para ir y conocer Nanacamilpa en su máximo esplendor. Caminé las cuatro cuadras mencionadas y pude notar que hay por lo menos cinco perros callejeros por cuadra (me los quería llevar a todos); En un puesto, vi que el señor de los tacos pateó a un perrito para ahuyentarlo, y me dio tanta tristeza que llegué a preguntar cuánto costaba un taco, pedí uno y en su cara se lo di al perrito (es bonito hacer feliz a un perrito). También encontré muchos negocios por la calle principal, desde una pulquería (de la que ya les contaré) hasta llanteras, verdulerías con todo tipo de especias y dignas de mencionarlas por su excelente surtido, tiendas de abarrotes, tortillerías, en fin, todo lo que un habitante pudiera necesitar. Llegué a la verdulería de doña Lupe y di vuelta a la derecha, en donde a media cuadra encontré el mercado aun abierto, podría decir que no tiene nada de especial por lo menos en cuanto a la construcción se refiere, pero bastante especial debido a las personas trabajadoras que lo habitan, continué mi recorrido y encontré la paletería de Don Luis, en donde di vuelta a mano izquierda para mirar de frente el kiosco de la plaza principal del pueblo. La plaza principal cuenta con unas baquita con un diseño hermoso, llevan una sombrilla y debajo de ella una mesita y cuatro banquitas para que los habitantes y turistas se sienten a ver pasar gente (mi actividad favorita mientras como helado). El kiosco con un diseño muy singular, pues lleva las escaleras por un costado como en forma de caracol, nunca había visto uno así. En la catedral del pueblo "parroquia San José" lucía adornada a todo su esplendor, con tul y flores en los pasillos pues había tenido ceremonia de primera comunión para dar paso a unos XV años. El santo patrono es San José a quien lo celebran el 19 de marzo, fecha en la que también es la feria del pulque, ya me imagino la fiestota que ha de armarse. A un lado de la iglesia está el palacio municipal que tiene por presidenta a una mujer (tal vez por eso la fachada es rosita, jijijí) lo cual me pareció magnifico, eso me da la sensación de apertura y otros temas que por ser una población tan pequeña, me habla de un gran logro. Ya habían pasado varios minutos de mi recorrido así que decidí regresar y en el camino de regreso encontré una pulquería a la que no podía dejar de asistir, a la entrada había una figura de un burrito cargando las barricas de pulque y muchos jóvenes con camionetas con el estéreo a todo volumen escuchando música y tomando, entré y doña Mary -abuela de Juan-, lo primero que me dio a probar fue el licor de agave que está tan delicioso que de inmediato le dije que me llevaría una botella de eso, por otro lado Juan, preparaba muestras de cada uno de los pulques colados que tenían (kiwi, maracuyá, fresa, piña colada, piñón, pistache, etc.) probé cada uno y me percaté de que el pulque es muy bueno. Después de probar todos los pulques, pagar mi botella de licor de agave y mirar el lugar lleno de chaviza tomando pulque y comiendo botanas mientras escuchaban banda en una rockola, decidí caminar de regreso al camión puesto que ya casi era hora de salir hacia el santuario de las luciérnagas.

El recorrido continuó hacia el rancho de San Isidro, en donde los propietarios de la marca “Del Razo”, nos enseñaron sus plantíos de maguey y los productos que comercializan derivados de la planta, entre ellos el pulque; nos contaban que el pulque ha sido  tristemente desplazado por la cerveza y que encontraron la fórmula para enlatarlo y exportarlo a USA, en donde es su principal mercado son los mexicanos. Hablaban también de las malas prácticas de los trabajadores del campo quienes roban la corteza de las pencas para venderla para la elaboración de los mixiotes, también nos contaron de una alianza que acaban de firmar con José Cuervo, en donde les enseñarán los secretos para un mejor cultivo y rendimiento de las pencas de maguey.  En el rancho vi los cuartos en donde destilan el pulque, comí tamales y tomé café de olla, escuchamos banda y probé de muchos más sabores de pulque, mi favorito fue sin duda el de vino tinto.
Ya estaba anocheciendo, así que el grupo (distinguido por el número 16), nos fuimos al camión para dirigirnos al santuario de las luciérnagas que se encuentra muy cerca del rancho San Isidro. Durante el camino comenzó una tormenta, cosa que según Víctor (nuestro guía) era perfecto para el ambiente de las luciérnagas.
Bajamos del camión y caminamos bajo la lluvia por un sendero empedrado hasta llegar a una zona en donde vendían toda la comida típica de la zona -todo bajo un ambiente pueblerino y en un entorno que gira alrededor de un bosque en medio de la nada-, ahí nos dieron media hora para disfrutar y esperar a que se hiciera de noche para emprender el recorrido.
El tiempo pasó y el recorrido comenzó: llegué a donde estaba reunido el grupo y ya estaban formados de dos en dos, así que me puse hasta adelante y escuché la voz de una señora decir “es de dos en dos” a lo que yo respondí “y si vengo sola, ¿cómo le hago?”, a mi pregunta respondió una vocecilla “pues te formas conmigo”, era Dulce que por primera vez se atrevía a viajar sola para enfrentar miedos y romper con viejos esquemas del pasado. Y así, en medio de la lluvia y en condiciones dignas de aventuras de bosque y gente guerrera que aguanta todo terreno sin chistar, comenzamos a adentrarnos al santuario. Todavía había luz, así que caminamos por unos minutos sin ver mucho más que hermosos árboles y la vegetación del lugar mientras respirábamos aire puro y platicaba con Dulce de cómo es que Dios sabe qué es lo que hace y cómo y cuándo hacerlo y justo hoy que ella lo necesitaba, le puso a un lado a una mujer que siempre anda sola, que no me da miedo, ni pena, ni lástima, ni pesar andar sola, que por el contrario, me encanta viajar a mis anchas, a mis ritmos y a mis tiempos. Y que justo hoy, por las condiciones del entorno, no era bueno que yo estuviera sola, Dulce me tomó del brazo todo el camino e incluso me salvó de caerme más de tres ocasiones porque el suelo era muy resbaloso. Como le dije y les repito: Dios sabe.

El recorrido duró aproximadamente una hora y media, comenzó oscurecer y de pronto, puntitos de fuego comenzaron a aparecer dispersos por el bosque; mientras más nos internábamos en él, más destellos luminosos aparecían, hasta que llegó el momento por el cual íbamos todos, vimos un bosque lleno de luciérnagas, de chispas resplandecientes rodeándonos por doquier. Llegó el momento en que respiré profundo y entendí que para eso nací, y entonces, lloré… fue un momento en el que me quedé sin aliento, en donde reafirmé que somos uno, que la tierra es una misma y todos estamos aquí para exactamente el mismo propósito. Una belleza, algo increíble e indescriptible solo por el hecho de que cada quien lo percibe a su manera, para mí fue fantástico ver un bosque lleno de una vida que no conocía en todo su esplendor. Las luciérnagas hembra no tienen alas, por lo que era importante mirar el suelo por donde caminábamos puesto que ellas, esperan que sea el macho el que baje a aparearse con ellas, mientras eso ocurre, el macho vuela por todo el bosque, tratando de llamar la atención de las hembras cosa que realmente lograron conmigo. Dulce le salvó la vida a muchísimas hembras, porque nos avisaba justo cuando íbamos a poner el pie en sobre alguna que estuviera en el camino. La lluvia, el camino, las piedras, los arbustos y las condiciones un tanto adversas poco nos importaron, el recorrido fue maravilloso, Lulú que era una guía asignada para el recorrido, nos ayudó mucho a que fuera de esa manera. México sí que está lleno de gente trabajadora y con ganas de salir adelante todos los días, México y su gente, realmente valen la pena… y la alegría.
Como todo, el recorrido llegó a su fin, aún con lluvia caminamos al autobús de regreso, que por ser el primero que llegó, fue el último en salir del santuario, lo que nos tomó aproximadamente una hora y media más arriba del camión esperando el turno de salir.
Llegamos al D.F. a las 2:00 am, nos bajamos en el ángel de la independencia en donde cada quien, tomó su camino a casa.
Mi lección de hoy: gasta en experiencias, no en apariencias.

¡¡¡Gracias por la lección, Tlaxcala!!!