Ciudad de México a 24 de agosto de 2017.
Mi chinita,
Soy la Cristy, estoy haciendo un recuento de las cosas que quiero agradecerte y segura estoy que son miles, por ahora te quiero dar gracias por enseñarme a soñar despierta, por aquella vez que andábamos en el auto en alguna parte de la ciudad en donde había neblina, nubes y un lago y me dijiste que las nubes bajaban a tomar agua, que por eso llovía, para mí tu palabra era ley, así que el día que mi maestra de primaria me habló sobre el ciclo del agua, juré que estaba mal, mi abuela y yo habíamos visto otra cosa. O la vez que estabas bañándote y yo por fuera jugando te decía que abriría la puerta con mi mente y de repente, la puerta se abrió, te prometo que por mucho tiempo creí que yo hacía magia. También recuerdo la vez que me compraste un peluche de Topo Gigio, era cumpleaños de mi vecino Pepito y me preguntaste que si podíamos regalárselo a él en su fiesta a lo que yo accedí... solo recuerdo que después de la fiesta, recorrimos montones de cruceros buscando un Topo Gigio nuevo porque me había arrepentido de regalar el mío. Tenía muy pocos años, tal vez menos de seis años cuando todo esto pasó... estoy recordando cuando me enseñaste a hacer quebrados y fuiste a la primaria a enseñar a la maestra a hacerlos de manera correcta y cuando nos llevabas en tu auto con persianas en el vidrio trasero, a todas mis amigas de la secundaria después de hacer un trabajo en equipo o todas las veces que fuiste por mí a un montón de lugares, gracias abuela por siempre haber estado conmigo, al pendiente de mí, por ser mi guía y perdón por haber sido tu dolor de cabeza durante mi adolescencia, decías que me decías las cosas porque yo era igualita a ti cuando eras joven, como un potro desbocado.
Gracias abuela por tantos valores, por enseñarme a dar a los más necesitados, recuerdo que siempre tuviste comida para todo aquel que tocaba la puerta de tu casa pidiendo caridad. Me enseñaste que el mundo jamás se cierra, que para todo en absoluto hay una solución y que lo importante es encontrarla. De ti aprendí el espíritu aventurero, esas ganas de ver el mundo, de viajar, de disfrutar cada lugar que piso, aprendí a ser sencilla, todo terreno, me enseñaste a ser adaptable a cualquier sitio o circunstancia, muchas gracias por eso también, abuela. Gracias por enseñarme a cocinar, nunca lo haré como tú, eso es cierto... pero dejaste algo de ti en mí para toda la vida. Gracias por las tardes que pasábamos haciendo algún postre, Maria la gorda, ¿te acuerdas a qué sabe?
Gracias chinita por enseñarme el valor de la amistad, por haber salido a tantos paseos con tus amigas, por mantenerte en las reuniones semanales con ellas por más de 30 años, en donde todo comenzaba leyendo la biblia y terminaba en platica de amigas íntimas, a veces con uno que otro tequilita, de ti aprendí el valor de conservar y cuidar a las personas que están dispuestas a hacer lo mismo por mí.
Mi Batiti, muchas gracias por ser la mejor guía que pudo existir en mi vida... todavía tengo tus palabras rondando por mi mente, “sé prudente, Cristina todo lo que hagas será para ti” y aunque siempre he sido muy vaga porque de ti aprendí el gusto por la calle y las cosas buenas de la vida, siempre cuidé y he cuidado mis acciones, ya lo dije alguna vez, me gusta el peligro, pero de lejos.
Gracias por tu carácter, por tu sonrisa, por siempre haber sido una mujer feliz, eso también lo aprendí de ti. Eres una mujer admirable, tu fortaleza y tu espíritu de servicio siempre me han impresionado, y aspiro a algún día poder decir, que eso también lo aprendí de ti.
Gracias por tu tiempo, por el espacio de tu vida en que te dedicaste a mí.
Feliz día de la abuela a la mejor del mundo.
Te amo, Chinita.
Atentamente,
La Cristy.
miércoles, 23 de agosto de 2017
miércoles, 9 de agosto de 2017
Un corazón con varios dueños.
Nuestro corazón pertenece a las personas que están con nosotros en los momentos difíciles, es de aquellos que nos dan la mano y nos dicen “todo estará bien”, “pronto pasará”, “aquí estoy contigo”, es de quien nos llama solo porque sí o nos escribe para compartirnos sus alegrías, porque sabe que nos alegrará el día verle feliz.
El afecto entero es para quien responde una llamada y escucha sin interrupciones cuando la soledad cala y los demonios nos atormentan. Todo el cariño para quien deja de lado su celular para mirarnos a los ojos cuando nos tiene enfrente, para quien sabe disfrutar de la compañía y para aquellos con quienes los silencios no son incómodos.
Todo el aprecio para las personas con las que se puede ser uno mismo, con las que se puede hablar sin filtros, pensar en voz alta, equivocarse y aceptar un perdón cuando les fallas porque saben que jamás lo hiciste con intención de herirles.
Todo nuestro amor es para quienes tienen tiempo de estar, de reír, de llorar, de disfrutar o quejarse de la vida a nuestro lado, para quienes somos importantes y para quienes siempre hacen un espacio en su tiempo y nos involucran como parte de sus ocupaciones cotidianas.
Nuestro corazón, en definitiva, es para nuestros compañeros de vida, padre, madre, pariente, vecino, tío, primo, amigos, para quien sea que esté dispuesto a darnos la mano durante nuestro recorrido por la vida.
A todos, gracias por estar conmigo.
-Cristina Corona-
El afecto entero es para quien responde una llamada y escucha sin interrupciones cuando la soledad cala y los demonios nos atormentan. Todo el cariño para quien deja de lado su celular para mirarnos a los ojos cuando nos tiene enfrente, para quien sabe disfrutar de la compañía y para aquellos con quienes los silencios no son incómodos.
Todo el aprecio para las personas con las que se puede ser uno mismo, con las que se puede hablar sin filtros, pensar en voz alta, equivocarse y aceptar un perdón cuando les fallas porque saben que jamás lo hiciste con intención de herirles.
Todo nuestro amor es para quienes tienen tiempo de estar, de reír, de llorar, de disfrutar o quejarse de la vida a nuestro lado, para quienes somos importantes y para quienes siempre hacen un espacio en su tiempo y nos involucran como parte de sus ocupaciones cotidianas.
Nuestro corazón, en definitiva, es para nuestros compañeros de vida, padre, madre, pariente, vecino, tío, primo, amigos, para quien sea que esté dispuesto a darnos la mano durante nuestro recorrido por la vida.
A todos, gracias por estar conmigo.
-Cristina Corona-
jueves, 23 de marzo de 2017
Después de un incendio.
Durante la vida, nos ocurren cosas que nos obligan a replantearlo todo. Esos momentos que jamás pensamos que podrían ocurrirnos a nosotros y que nos topamos frente a frente y sin poder escapar de ellos, situaciones que nos enseñan quiénes somos y de qué estamos hechos, momentos que nos obligan a sacar el carácter, a actuar sin detenernos, a resolver las situaciones pensando solo en el bien común.
Poco hablo bien de mí, en realidad lo hago muy, muy poco, y no es por humildad, realmente me cuesta trabajo hacerlo, pero hoy, me lo gané, lo merezco y me reconozco. Estoy orgullosa de mi manera de resolver la vida, de que jamás se me cierra el mundo, de mi fortaleza y del espíritu que me mueve. Ese espíritu que tal vez es capaz de rendirse en muchas cosas, pero en las más importantes no, mi espíritu siempre lucha y está alerta cuando más lo necesitan, cuando yo más lo necesito. Y ya después, cuando todo es calma, salen esas lágrimas que lo alivian todo. Esto soy, una mujer capaz, que no solo piensa en sí misma, pienso en los demás, me importa la humanidad, me interesa el bien estar común. Eso es digno de admirarse en estos tiempos.
Hoy salí de mi casa sin siquiera imaginar lo que pasaría, nunca pensé que estaría escribiendo un resumen de todas mis reflexiones motivadas por la serie de acontecimientos derivados de un incendio en el edificio en donde trabajo. Todo inició alrededor de las 13:30 horas con una alarma que nos indicaba evacuar el edificio. Los detalles no son importantes, todos estamos bien y felices de que las cosas hayan quedado en susto y algunos daños materiales; lo importante aquí, es que entendí muchas cosas sobre mí y sobre los demás, comprendí que cada persona reacciona de distintas maneras y que es el espíritu lo que nos mueve, unos tenemos un espíritu de lucha fuerte e incansable. Nuestras experiencias de vida van formando nuestro carácter y hoy, que me doy cuenta del mío, hoy que me enfrento a mí cara cara haciendo introspección, entiendo que nuestras circunstancias de vida, nuestra familia, nuestros amigos y todo lo que ocurre y ocurrió en nuestro entorno, nos forja el carácter, nos enseña a reaccionar. Admiro mi capacidad para encontrar el lado bueno de todo y tomar la mayoría de las cosas que me pasan con calma, aunque soy humana y reacciono como tal, tengo la capacidad de replantear todo muy rápido y actuar de la mejor manera posible.
Hoy reflexioné sobre lo valioso de un te quiero y el oro que pesa un “yo también a ti”, entendí también que hay personas que no saben decirlo, a las que les cuesta expresar lo que sienten, y eso está bien, son condiciones de vida distintas a las mías, yo sí aprendí a gritar te quiero a quien debo y en el momento en el que lo deseo y eso también está bien. Nunca te vayas sin decir te quiero, lo aprendí hace varios años. Desde la última vez que me fui sin decir te quiero. Fue una gran lección.
Esta noche tengo una oportunidad más, un momento para detenerme y agradecer a Dios que estoy viva, que no me falta nada y que todos los míos están bien y que a ellos tampoco les falta nada. Agradezco tenerme a mí y tener a la gente que tengo, contar con seres humanos que son mi soporte, mis pilares, gente que me entiende y me conoce, a la que puedo mirar a los ojos y ser honesta todo el tiempo. Gente que llevo en el alma y forman parte crucial en mi existencia. Gente, eso es lo único que importa. Lo demás, es pura cosa vana. - Cristina Corona -
Poco hablo bien de mí, en realidad lo hago muy, muy poco, y no es por humildad, realmente me cuesta trabajo hacerlo, pero hoy, me lo gané, lo merezco y me reconozco. Estoy orgullosa de mi manera de resolver la vida, de que jamás se me cierra el mundo, de mi fortaleza y del espíritu que me mueve. Ese espíritu que tal vez es capaz de rendirse en muchas cosas, pero en las más importantes no, mi espíritu siempre lucha y está alerta cuando más lo necesitan, cuando yo más lo necesito. Y ya después, cuando todo es calma, salen esas lágrimas que lo alivian todo. Esto soy, una mujer capaz, que no solo piensa en sí misma, pienso en los demás, me importa la humanidad, me interesa el bien estar común. Eso es digno de admirarse en estos tiempos.
Hoy salí de mi casa sin siquiera imaginar lo que pasaría, nunca pensé que estaría escribiendo un resumen de todas mis reflexiones motivadas por la serie de acontecimientos derivados de un incendio en el edificio en donde trabajo. Todo inició alrededor de las 13:30 horas con una alarma que nos indicaba evacuar el edificio. Los detalles no son importantes, todos estamos bien y felices de que las cosas hayan quedado en susto y algunos daños materiales; lo importante aquí, es que entendí muchas cosas sobre mí y sobre los demás, comprendí que cada persona reacciona de distintas maneras y que es el espíritu lo que nos mueve, unos tenemos un espíritu de lucha fuerte e incansable. Nuestras experiencias de vida van formando nuestro carácter y hoy, que me doy cuenta del mío, hoy que me enfrento a mí cara cara haciendo introspección, entiendo que nuestras circunstancias de vida, nuestra familia, nuestros amigos y todo lo que ocurre y ocurrió en nuestro entorno, nos forja el carácter, nos enseña a reaccionar. Admiro mi capacidad para encontrar el lado bueno de todo y tomar la mayoría de las cosas que me pasan con calma, aunque soy humana y reacciono como tal, tengo la capacidad de replantear todo muy rápido y actuar de la mejor manera posible.
Hoy reflexioné sobre lo valioso de un te quiero y el oro que pesa un “yo también a ti”, entendí también que hay personas que no saben decirlo, a las que les cuesta expresar lo que sienten, y eso está bien, son condiciones de vida distintas a las mías, yo sí aprendí a gritar te quiero a quien debo y en el momento en el que lo deseo y eso también está bien. Nunca te vayas sin decir te quiero, lo aprendí hace varios años. Desde la última vez que me fui sin decir te quiero. Fue una gran lección.
Esta noche tengo una oportunidad más, un momento para detenerme y agradecer a Dios que estoy viva, que no me falta nada y que todos los míos están bien y que a ellos tampoco les falta nada. Agradezco tenerme a mí y tener a la gente que tengo, contar con seres humanos que son mi soporte, mis pilares, gente que me entiende y me conoce, a la que puedo mirar a los ojos y ser honesta todo el tiempo. Gente que llevo en el alma y forman parte crucial en mi existencia. Gente, eso es lo único que importa. Lo demás, es pura cosa vana. - Cristina Corona -
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