Nuestro corazón pertenece a las personas que están con nosotros en los momentos difíciles, es de aquellos que nos dan la mano y nos dicen “todo estará bien”, “pronto pasará”, “aquí estoy contigo”, es de quien nos llama solo porque sí o nos escribe para compartirnos sus alegrías, porque sabe que nos alegrará el día verle feliz.
El afecto entero es para quien responde una llamada y escucha sin interrupciones cuando la soledad cala y los demonios nos atormentan. Todo el cariño para quien deja de lado su celular para mirarnos a los ojos cuando nos tiene enfrente, para quien sabe disfrutar de la compañía y para aquellos con quienes los silencios no son incómodos.
Todo el aprecio para las personas con las que se puede ser uno mismo, con las que se puede hablar sin filtros, pensar en voz alta, equivocarse y aceptar un perdón cuando les fallas porque saben que jamás lo hiciste con intención de herirles.
Todo nuestro amor es para quienes tienen tiempo de estar, de reír, de llorar, de disfrutar o quejarse de la vida a nuestro lado, para quienes somos importantes y para quienes siempre hacen un espacio en su tiempo y nos involucran como parte de sus ocupaciones cotidianas.
Nuestro corazón, en definitiva, es para nuestros compañeros de vida, padre, madre, pariente, vecino, tío, primo, amigos, para quien sea que esté dispuesto a darnos la mano durante nuestro recorrido por la vida.
A todos, gracias por estar conmigo.
-Cristina Corona-
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