jueves, 18 de abril de 2019

Que se canse el cuerpo, pero nunca el espíritu.

Basilisa nació el 15 de abril, día de santa Basilisa, su mamá la bautizó con ese nombre para no quitarle la gracia, y así fue: morir el día que nacimos es cerrar un ciclo perfecto, es una gracia de Dios que la lleva en automático al cielo.

 Nació en Sinaloa, hija de “mamá Juanita” y “papá Lencho”, hermana de “Paquita”, “Chico”, “Lencho” y “Chepe”. Alegre, amorosa, paciente, una mujer recta, cantante, atenta, llena de vida, excelente anfitriona, extraordinaria cocinera, considerada, espiritual y apegada a Dios (siempre he pensado que nuestra familia sigue completa gracias a la protección que siempre nos brindó por sus oraciones, ¡imagínense ahora que ya es un ángel y nos ve desde el cielo!) Batiti, esposa dedicada de Rodolfo y madre ejemplar de 10 hijos + una agregada “yo”, somos 11: Rodolfo, Luis , Yadira, Martha, Santiago, Javier, Alonso, Fernando, Guadalupe, Juan y Cristina.

Una madre a toda madre, según describe Juan, madre protectora, describe Yadira. Una mamá llena de amor, cobijo y atenciones sin medida. Abuela de 16 felices nietos y bisabuela de 8 bisnietos. Una tía muy apapachadora y acogedora, comenta Lizbeth, siempre al pendiente de las necesidades y capaz de hacer sentir parte de la familia a quien viviera en su casa. Amiga risueña, simpática, siempre dispuesta a ir a donde la inviten y reunirse en grupo a disfrutar distintas actividades, el coro de abuelitas y abuelitos del DIF, el coro de la iglesia, lectura de biblia los miércoles. Una vendedora de admirarse, aprendió a ganarse la vida por sí sola a través del extraordinario arte de vender: “a nadie hagas menos, atiende y trata a todos por igual, Cristy, cualquiera puede ser tu cliente”.

Un ser humano excepcional, yo no presumo viajes, cosas, posesiones, estudios, yo presumo a mi abuelita. Ella sí me llena el alma de orgullo. De ella aprendí a viajar, a encontrarle el gusto a conocer nuevos lugares, ella enseñaba a cualquiera a disfrutar la vida. Tocaba la guitarra, cantaba, pintaba, bordaba, cocinaba, todo era alegría a su alrededor, porque su gusto es, como dice la canción que tanto le gusta. Se nos fue nuestra prieta linda, nuestra Santa, nuestra Batiti, nuestra Basi, se nos fue pero dejó una gran familia.

Su obra maestra somos todos, lo que dejó en cada uno de nosotros fue su gran legado. A nombre de la familia, les damos las gracias por tanto amor, por tantas muestras de cariño hacia nosotros y hacia mi chinita querida, señor cura, familiares, amigos, vecinos, amigos del coro, a toda la comunidad presente, muchas gracias por acompañarnos.

 Texto leído en la misa de cuerpo presente de mi abuela.
 15 de abril de 2019