Antes de la semana 30 de gestación de mi bebé, vi un sin fin de videos, seguí todas las páginas posibles de Facebook, Twitter, Instagram, tiktok, tomé muchísimas sesiones que hablaban de lactancia materna exclusiva y los beneficios que traería al bebé, me hice a la idea de pasar horas y horas con mi bebé pegada a mí TODO el tiempo, me ilusioné, juré que mi bebé jamás tomaría una sola gota de fórmula, me imaginé lactando feliz con mi niño como la cosa más sencilla del planeta, porque el cuerpo sabe hacer su trabajo y la naturaleza es sabia.
Mi hijo nació con 30 semanas de gestación, 10 semanas antes de lo esperado, demasiado joven para saber succionar y para ser abrazado por mamá al momento de nacer, ahí comenzó el camino más sinuoso por el que he atravesado en el tiempo que llevo de vida.
Primero, el día que nació mi bebé, llamé a una asesora de lactancia quien fue al hospital al día siguiente a enseñarme como extraer el calostro de mi pecho de forma manual. Esa noche, mi esposo y yo pasamos horas capturando gota a gota el oro líquido que salía de mí; yo apretaba el seno y dicho movimiento ocasionaba la salida de una gota, misma que mi esposo succionaba con la jeringa, la primera fue de .70 ml que llevamos de inmediato a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) y que su enfermera, llamada Nora, le dio de inmediato, metiéndola entre sus encías y sus cachetes (vaya que lo disfrutó, vi cómo se lo saboreaba). Al tener esa imagen en mi mente, mi empeño cobró fuerza, mi esposo y yo pasamos horas durante 3 días llenando jeringas, gota por gota, para que mi bebé tuviera todo el calostro que pudiera salirme.
Salí del hospital y dejé a mi niño ahí… ha sido lo más doloroso que me ha pasado en la vida, llegar sin mi bebé a casa y con los brazos vacíos, me dolió mucho. De hecho aún me duele, me atormenta el recuerdo de mi bebé en una incubadora, solo, entendiendo eso como “llegar a este mundo”, sin los brazos de mamá, rodeado de enfermeras y cobijado por una caja de plástico, atado a miles de cables e interrumpido por cientos de luces y sonidos. La esperanza, el amor y la fe me mantuvieron de pie, el apoyo de mi esposo que hasta hoy ha sido incondicional, fue pieza clave para seguir adelante.
Una amiga me regaló un sacaleches para un solo
seno y poco a poco fuimos aumentando la cantidad de leche que llevábamos a mi bebé, tuvimos que buscar opciones para extraer más leche en menos tiempo,
mi bebé ya tenía que tomar formula pues mis extracciones no alcanzaban la
cantidad de leche suficiente para su requerimiento cada tres horas. Una prima me regaló un extractor doble para ver si con eso podría acelerar la
producción de leche. Con los días, tuvimos que comprar uno con un motor más
potente porque dejó de funcionar y después de comprar “el mejor y más caro” en el mercado (se descompuso
-dos veces- y lo terminamos regresando -las mismas dos veces-), por fin, compramos
uno que hasta la fecha ha funcionado bastante (si quieres saber cuál,
pregúntame en privado y con mucho gusto te cuento cuál). Mi esposo, me fabricó
un brasier para que pudiera sostener las copas sin usar mis manos y así,
poco a poco fuimos aumentando la cantidad de leche materna que llevábamos las dos
veces al día que estaba permitido ir a visitar nuestro bebé.
Para entonces, mi bebé ya tomaba más onzas de lo que yo podía llevarle de leche materna y me dolía muchísimo. Las expectativas rotas duelen más que la realidad misma.
¿Cómo era posible que mi cuerpo no funcionara como
debería? Me sentía la peor de las madres por no cubrir el requerimiento de
alimentación de mi bebé. Poco a poco me fui haciendo a la idea de que no podría
tener una lactancia exclusiva (por el momento).
Llegó el día tan esperado: pudimos sacar de la
incubadora a mi niñito lindo para abrazarlo y con ello intentar que succionara mi pecho fue un día mágico, nunca olvidaré la primera vez que se prendió a mi pecho,
sentí una mini succión que me dejó tal sensación tan indescriptible y que por
siempre llevaré en mi alma.
Después, aconteció que mis pezones “no tenían la
forma adecuada” y que se tendrían que formar con la succión del bebé (que para
entonces, era muy débil), así mismo, mis senos son muy flácidos pues pasé por
una pérdida de más de 50 kilos por una cirugía bariátrica, lo que se supondría que
a mi bebé le costaría mucho trabajo lograr un buen prendimiento que derivara en
una lactancia exitosa. Debo decir que mis pezones jamás tomaron "la forma adecuada".
Hablé con él sobre la importancia de que aprendiera a succionar y lo bien que la íbamos a pasar juntos y trabajábamos muchísimo para lograrlo. ¡Me entendió! Hizo su trabajo de la mejor manera posible, es mi campeón y estoy orgullosísima de ser su mamá.
Mi niño está por cumplir un año con tres meses y seguimos en el camino con lactancia mixta y alimentación complementaria; paso horas con él, deteniendo mis senos para que pueda succionar de manera correcta, con una mano lo sostengo a él y con la otra me sostengo a mí misma mientras lo observo. Escucho que muchas mamás cuentan que ven su celular, ven series, leen un libro, hacen cosas mientras están con sus bebés, yo no puedo, necesito ambas manos y no moverme para lograr el objetivo, así que durante horas, paso contemplando a mi bebé (no quiero que se acabe nunca).
La maternidad es el proceso más solitario que he vivido, por muchos grupos de apoyo que busqué y encontré, nunca obtuve lo que yo necesitaba, ¿y saben por qué? Porque la solución siempre está en el tiempo y el bebé. Nadie habla a grito abierto de los conflictos que conlleva tener un bebé, incluso me siento culpable de sentirme agotada, fastidiada y a veces con ganas de desaparecer porque pienso, ¡mi abuela tuvo 10 hijos y nunca se quejó! ¿Cómo es posible que yo con uno me sienta así?¡No seas debil! Me escucho diciéndome a menudo. Pero luego, veo a mi hijo y a mi esposo, y dejo de lastimarme, observo que tengo la bendición más grande del planeta: una familia sana, y todo vuelve a cobrar sentido. El amor propio y la fuerza regresan a mí una y otra vez.
Difícil, sí... Pero valdrá la pena y la alegría.
Si yo pude, tú también puedes.
Muchas gracias, amor mío, por ser el mejor de los esposos y apoyarme en cada una de las decisiones tomadas.
Los amo con todo el
amor que este instante me permite.
-Cristina
Corona-