El hombre al que amo, me hace sentir viva, amada, afortunada, plena; la forma en que me mira y sonríe y la paciencia con la que me escucha, me llenan de paz y de calma.
El hombre al que amo, tiene una manera única de amar, incondicional, sin clausulas, firme y certera, la confianza que me inspira y la certeza que me brinda son inconmensurables.
El hombre al que amo, siempre sabe qué decir cuando más lo necesito, me saca del infierno de ser preciso con solo una palabra, una frase, con un te amo. Tiene una voz que al escucharla instantáneamente me llena de amor.
El hombre al que amo, es un excelente compañero, el mejor miembro para formar un equipo perfecto y dispuesto a ir a las batallas que sean necesarias.
El hombre al que amo, es muy serio, serio en carácter, serio en su actuar, serio al estar con otras personas, incluso su seriedad al amar, me cautivó.
El hombre al que amo, tiene las manos más suaves, cálidas y amorosas del planeta tierra, basta con un roce para que se me acomode el mundo entero. También es el mejor rascador de espalda del mundo.
El hombre al que amo, siempre está dispuesto a todo mientras sea de la mano conmigo, es capaz de recorrer largos caminos o luchar grandes batallas para estar juntos. Se arriesga a dejarlo todo para comenzar de cero a mi lado.
El hombre al que amo, me gusta y me apasiona, sabe cómo hacerme sentir amada y cómo lograr que lo ame cada día más.
El hombre al que amo, es inteligente, culto y despierta en mí una profunda admiración por la persona que es. Me hace sentir agradecida con Dios y con la vida por haberlo puesto en mi camino.
El hombre al que amo, llegó de forma inesperada, el día menos pensado, en el momento menos previsto, llegó y lo hizo para quedarse para siempre en mi corazón.
El hombre al que amo, me enseñó que cuando de amarse se trata, el tiempo se mide en decisiones, sentimientos, acciones e intensiones, no en minutos, horas, días o meses.
El hombre al que amo, lo veo con ojos del amor que me inspira, con el alma abierta y dispuesta para amarlo por el hombre que es como ser humano, como amigo, como compañero, como padre de mis hijos, como novio y como todo lo que esté por venir; porque esta historia se sigue escribiendo.
A mi amado Jonathan Esquivel: te amo con todo el amor que puedo sentir en este momento. Y lo que nos falta...
jueves, 2 de julio de 2020
miércoles, 24 de junio de 2020
Estoy a favor de la familia tradicional del siglo XXI.
Hace unos días leí un post que hacía esta afirmación y pensé: yo también estoy de acuerdo y a favor de la familia tradicional del año 2020.
¿Qué es para mí una familia tradicional? Cuando nací, conocí lo que es tener una madre, una abuela, un abuelo y 10 tíos y muchos primos que formaban parte de mi hogar; una familia que se dedicó a amarme, cuidarme, protegerme y vigilar que nada me faltara. Mi madre y mis abuelos, hicieron todo por tener los cuidados de que mi formación se orientara a ser una persona educada con valores, de trabajo, responsable -y aunque fui muy vaga en mi juventud- lo lograron, lo hicieron bien.
Mi familia es una familia tradicional porque a esas circunstancias nos llevó la vida, es una familia funcional, porque respetan cualquier situación o condición que decida de mi vida, porque me aman como soy y porque no me juzgarían bajo cualquier decisión tomada y que a la sociedad pudiera parecerle alarmante o fuera de “lo normal” -y si me juzgan, probablemente no me entere, porque me dejarán ser-, segura estoy que siempre encontraría en ellos el apoyo para vivir mi vida y seguir adelante haciendo lo que quiero; y esto siempre lo he pensado de mi madre y mi abuela. Ellas me enseñaron a crecer libre de decidir lo que quiero ser y hacer.
En esta familia, siempre se ha respetado al que nace bajo cualquier circunstancia que nazca, siempre será bienvenido, amado y respetado por el simple hecho de ser un ser vivo y ser sangre de nuestra sangre, sin importar las decisiones que hayan tomado sus padres. En esta familia, a las personas no se les juzga por quienes son, ni por lo que hacen, ni por el tipo de pareja que eligen, en esta familia, todos somos eso, familia y ya. La familia tradicional más bonita que conozco.
A mi querida familia, a todos: los amo. Gracias por ser parte de mí.
¿Qué es para mí una familia tradicional? Cuando nací, conocí lo que es tener una madre, una abuela, un abuelo y 10 tíos y muchos primos que formaban parte de mi hogar; una familia que se dedicó a amarme, cuidarme, protegerme y vigilar que nada me faltara. Mi madre y mis abuelos, hicieron todo por tener los cuidados de que mi formación se orientara a ser una persona educada con valores, de trabajo, responsable -y aunque fui muy vaga en mi juventud- lo lograron, lo hicieron bien.
Mi familia es una familia tradicional porque a esas circunstancias nos llevó la vida, es una familia funcional, porque respetan cualquier situación o condición que decida de mi vida, porque me aman como soy y porque no me juzgarían bajo cualquier decisión tomada y que a la sociedad pudiera parecerle alarmante o fuera de “lo normal” -y si me juzgan, probablemente no me entere, porque me dejarán ser-, segura estoy que siempre encontraría en ellos el apoyo para vivir mi vida y seguir adelante haciendo lo que quiero; y esto siempre lo he pensado de mi madre y mi abuela. Ellas me enseñaron a crecer libre de decidir lo que quiero ser y hacer.
En esta familia, siempre se ha respetado al que nace bajo cualquier circunstancia que nazca, siempre será bienvenido, amado y respetado por el simple hecho de ser un ser vivo y ser sangre de nuestra sangre, sin importar las decisiones que hayan tomado sus padres. En esta familia, a las personas no se les juzga por quienes son, ni por lo que hacen, ni por el tipo de pareja que eligen, en esta familia, todos somos eso, familia y ya. La familia tradicional más bonita que conozco.
A mi querida familia, a todos: los amo. Gracias por ser parte de mí.
jueves, 11 de junio de 2020
18 semanas de vida.
El 7 de marzo de 2020 a las 3:40 am desperté a tu papá con la noticia de que comenzaba tu existencia en nuestras vidas. En su versión de la historia dice que le puse la luz del teléfono en la cara para que despertara, mientras que en mi versión -lo que realmente ocurrió- fue que prendí la lámpara de noche para sentarme junto a él y decirle: “vamos a ser papás”. Cuando lo hice, se sentó en la cama, me miró y me abrazó para después preguntarme “¿cómo te sientes?” Y pues, ¿cómo iba a sentirme? ¡Feliz! Cierto es que no te esperabamos taaaaan rápido, pero sí te queríamos en nuestras vidas, por supuesto que sí. El tiempo y la charla transcurrieron esa madrugada, pensando qué sería de nosotros -ahora tres- y qué haríamos respecto a la familia que en ese momento estaba naciendo. A las 7:18 am ya estabamos saliendo de la basilica de Guadalupe, fuimos a ver a la virgen para encomendar tu vida y la de nuestra familia a ella, me costará mucho trabajo describir la sensación que tuve cuando entregué tu vida a la virgen, cuando puse en sus manos tu existencia, me sentí madre por primera vez; era la primera ocasión que algo me importaba más que yo, que ni siquiera pensaba en mí al pedir algo, en ese instante sólo existías tú... y desde entonces.
A penas tienes 18 semanas de vida y tu corazón late a 147 lpm, no pesas más de 250 gramos y mides alrededor de 14 cm (más las piernas) y así, tan pequeñito ya comienzas a revolucionar nuestro mundo. Ayer nos diste un susto y el solo pensar en perderte me enloqueció un poquito más de lo loca que estoy por default, sin embargo el doctor confirmó que estás bien, que te mueves como loco y que tu ritmo de crecimiento está dentro del promedio (qué gusto me da que seas un niño promedio), así que después de lo que pasamos, decidí contarte cómo va la historia hasta hoy, tal vez algún día la leas y sepas que te esperabamos con muchas ansias tu papá y yo.
Tu papá y yo, pasamos horas hablando de ti, imaginando cómo serás y cómo seremos nosotros como padres, así como todos los temores y acciones que hay alrededor de formar una familia para darte la bienvenida como te mereces, tendrás un excelente papá, estoy segura de eso. Estamos viviendo una pandemia, por lo que probablemente no tendrás babyshower, ni desayunos con amigas para que nos den consejos de cómo educarte o qué hacer si no paras de llorar, tal vez no te compremos toneladas de ropa o miles de accesorios de bebé solo por ser nuestro primer hijo, tampoco hemos buscado mucha información sobre cómo educarte ni cómo criar a un bebé en pleno siglo XXI, nos limitamos a esperar tu llegada con mucho amor, y cuando digo mucho es mucho, tú papá y yo te amamos desde el segundo que supimos de tu existencia y estamos esperando a que seas tú quien nos dicte cómo educarte y qué hacer con una vida que depende completamente de nosotros. Cuando la familia supo de ti, de inmediato tus tíos comenzaron a preguntar qué te hacía falta para ayudar a que tuvieras una mejor llegada a este mundo y los amigos se pusieron felices de saber que pronto estarás entre nosotros.
Hoy después de 95 días de saber que existes me dirijo a ti para hacerte saber lo esperado y amado que eres, para decirte que a penas cabes en mi mano y nosotros ya estamos absolutamente enamorados de ti, de sentirte dentro, de ponernos felices porque brincas cuando como chocolate, que sepas que tu papá sintió tus movimientos y se dirigió a ti diciendote hijo y te puso un nombre, eres nuestro Javier, nuestro amado y esperado Javier.
Te amamos, tu papá y tu mamá.
A penas tienes 18 semanas de vida y tu corazón late a 147 lpm, no pesas más de 250 gramos y mides alrededor de 14 cm (más las piernas) y así, tan pequeñito ya comienzas a revolucionar nuestro mundo. Ayer nos diste un susto y el solo pensar en perderte me enloqueció un poquito más de lo loca que estoy por default, sin embargo el doctor confirmó que estás bien, que te mueves como loco y que tu ritmo de crecimiento está dentro del promedio (qué gusto me da que seas un niño promedio), así que después de lo que pasamos, decidí contarte cómo va la historia hasta hoy, tal vez algún día la leas y sepas que te esperabamos con muchas ansias tu papá y yo.
Tu papá y yo, pasamos horas hablando de ti, imaginando cómo serás y cómo seremos nosotros como padres, así como todos los temores y acciones que hay alrededor de formar una familia para darte la bienvenida como te mereces, tendrás un excelente papá, estoy segura de eso. Estamos viviendo una pandemia, por lo que probablemente no tendrás babyshower, ni desayunos con amigas para que nos den consejos de cómo educarte o qué hacer si no paras de llorar, tal vez no te compremos toneladas de ropa o miles de accesorios de bebé solo por ser nuestro primer hijo, tampoco hemos buscado mucha información sobre cómo educarte ni cómo criar a un bebé en pleno siglo XXI, nos limitamos a esperar tu llegada con mucho amor, y cuando digo mucho es mucho, tú papá y yo te amamos desde el segundo que supimos de tu existencia y estamos esperando a que seas tú quien nos dicte cómo educarte y qué hacer con una vida que depende completamente de nosotros. Cuando la familia supo de ti, de inmediato tus tíos comenzaron a preguntar qué te hacía falta para ayudar a que tuvieras una mejor llegada a este mundo y los amigos se pusieron felices de saber que pronto estarás entre nosotros.
Hoy después de 95 días de saber que existes me dirijo a ti para hacerte saber lo esperado y amado que eres, para decirte que a penas cabes en mi mano y nosotros ya estamos absolutamente enamorados de ti, de sentirte dentro, de ponernos felices porque brincas cuando como chocolate, que sepas que tu papá sintió tus movimientos y se dirigió a ti diciendote hijo y te puso un nombre, eres nuestro Javier, nuestro amado y esperado Javier.
Te amamos, tu papá y tu mamá.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)