martes, 17 de noviembre de 2015

"Tu novio no es tu amiga".

Hace algunos años, mi mejor amiga me dijo "tu novio no es tu amiga" y me enojé. Mi primera reacción fue pensar, "¿acaso está diciéndome que no confíe en él?", "¿qué no sabe que es a quien más confianza le tengo?", "¿cómo pretende que no confíe en mi novio si las relaciones se tratan de tenerse confianza y contarse todo?". Y entonces, cierto día comprendí lo que Wendy intentaba decirme. 
En una relación siempre son tres partes, la pareja, yo y la relación que entre ambos formamos; cuando tenemos un vínculo, es normal pasar por situaciones personales que nos llevan a estar enojados con nuestra pareja, o a dudar, o a tener sentimientos que no son sanos para la relación. 
El hecho de comunicar a nuestra pareja los pensamientos negativos que ocurren dentro de nosotros mismos, sin antes procesarlos, digerirlos y dar un dictamen final, hace que la otra persona se contagie de ese modo, que tal vez, a nosotros después de procesarlo, se irá. Nuestra pareja se queda afectada por lo dicho, tratando de entender el caos en el que metimos a la relación. Y entonces, nuestra pareja entra en estado de duda, de incomodidad o resentimientos, sintiendo que algo se quebró o que algo está tambaleándose, estado que a su vez, nos contagia. Y es así, como existe un círculo vicioso en donde la relación se va desgastando. 
Entiendo que la frase "tu novio no es tu amiga" significa que como individuos que somos, es importante comunicar lo que llevamos dentro a un tercero, a una amiga o un amigo que pueda ayudarnos a digerir, a procesar, a ponernos los pies sobre la tierra y eliminar el caos que tenemos en la mente, para no afectar a nuestra pareja. 
Esto no significa que no debemos comunicar a nuestro ser amado lo que pasa con nosotros, significa que debemos ser cuidadosos con las cosas que decimos y cómo las decimos porque un simple pensamiento que no ha sido procesado, puede afectar para siempre al tercero en discordia: la relación. 

jueves, 10 de septiembre de 2015

Un fin de semana como cualquiera...

Me hace muy feliz que hayas venido, le dije mientras la abrazaba después de bajarse del taxi. Desde ese momento y hasta hoy, sigo siendo feliz por tan grata experiencia.Bastaron poco más de 60 horas para tener vivencias que espero dejar plasmadas;en letras;con la finalidad de volver al recuerdo cuando comience a volverse difuso. Como decía, todo inició con un abrazo. Tenía una reservación para ir a cenar en un restaurante giratorio de la ciudad; con meses de antelación, había comprado unos cupones que incluían una cena a cuatro tiempos más una copa de vino; a un precio que era un buen trato por tratarse del “finísimo” restaurante. Llegamos al lugar entusiasmadas por la noche que pasaríamos. Subimos 42 pisos en un elevador lleno de luces y espejos que comunicaba con otro que nos elevaría tres pisos más; estábamos en el piso 45, la vista sería estupenda, habríamos jurado en ese instante. Entregamos el cupón a la persona en recepción del restaurante y su respuesta fue en resumen: “no leyeron las letras chiquitas”. Teníamos que abandonar el lugar porque el cupón era válido únicamente durante el día. Sinceramente yo solo iba por la vista, así que pedí permiso para entrar a ver el restaurante y cuál fue mi sorpresa que estaba tan alumbrado, que sus luces se reflejaban en sus cristales, lo que impedía totalmente apreciar la ciudad de noche. Mi corazón se alegró un poquito. Cambiamos la reservación para el día siguiente y muy conformes nos dispusimos a buscar otro lugar para cenar. Llegamos a un restaurante Argentino ubicado en una colonia muy famosa en la ciudad "la Condesa", en donde nos atendió un mesero llamado Carlos que nos dio un trato tan digno, que logró una mención honorifica en este relato, además, nos enseñó un postre sin culpas, como él lo llamó, que eran unas fresas perfectas para sumergirlas en una especie de aderezo que al combinarlas con un sorbo de vino tinto, generaban tal sensación el en paladar que quedaba claro que Dios existe. Pasó la noche mientras cenábamos y nos actualizábamos sobre la vida que transcurrió mientras no teníamos la oportunidad de mirarnos a los ojos. Eran pocas horas la que duraría la visita de Lucía, así que tendríamos que aprovecharlas, por lo que pedimos la cuenta y nos fuimos a conocer otra zona de la ciudad, "la zona rosa". Un lugar con gran ambiente, con calles llenas de gente dispuesta a divertirse con un tipo de diversión muy sui generis, así que decidimos caminar un poco a través de ella, entre lugares abarrotados, personas disfrazadas y pleitos, decidimos poner fin al recorrido e ir en busca del monumento de la ciudad de México. Es bien sabido que subir al Ángel de la Independencia es toda una odisea, misma por la que tienen que pasar cada uno de los turistas de esta ciudad. Y con mi turista, no fue la excepción, así que a falta de semáforos peatonales;nos tocó pasar como correría cualquier cristiano en plena pamplonada, esquivando vehículos que viajaban a toda prisa y sin percatarse de las circunstancias del peatón. Ya estando sanas y salvas y después de unas cuantas fotografías, nos sentamos a ver los carros pasar y a reflexionar sobre la vida y el tiempo que tenemos de conocernos, que ha sido poco, pero sustancioso. Es reconfortante tener amigas, pensaba mientras sentía su compañía. El frío comenzó a hacer de las suyas y tuvimos que abandonar el escenario de la misma manera en que nos subimos a él. El sábado comenzó muy temprano, teníamos un apretado itinerario, así que poco después de la salida del sol, ya estábamos subiéndonos al metro que nos llevaría al centro histórico de la Ciudad de México. La primera parada fue el desayuno en el café de Tacuba, es un restaurante digno de nombrarse, quisiera que todos lo conocieran y disfrutaran de sus paredes, la vestimenta de las meseras, los candelabros, los cuadros, los espejos, las paredes y sus azulejos, la música de una estudiantina ambulante y todo el ambiente que te lleva al siglo XVII en un abrir y cerrar de ojos. A unos pasos se encuentra un edificio con una fachada que parece bordada a mano, es tan hermoso, que es visita obligada para mandar una postal a las personas que más quieras… o que recuerdes su dirección, mejor dicho. Ahí dentro se encuentra uno de los primeros elevadores de la ciudad, mismo que mandó a hacer el ex Presidente Porfirio Díaz para subir a las oficinas administrativas. Los tonos dorados del interior, la herrería y sus distinguidos acabados dan la sensación de haber hecho lo correcto: entrar a conocer el palacio de correos. El andador Madero fue el atajo que nos condujo hasta la plaza de la Constitución mejor conocida como el zócalo, que por milagro divino estaba vacío, la plancha mostraba por completo su concreto al sol. Auguro que es de buena suerte para quien lo ve así por primera ocasión. La catedral, construida por el bárbaro ese de Hernán Cortés, con su gran órgano al centro que se compone de 3600 flautas y aproximadamente 6,000 variaciones sonoras,ese fabricante de música que muero por escuchar, y que segura estoy que un día me tocará hacerlo. El palacio de gobierno que en un inicio era del gobernador de los mexicas: Moctezuma y que fue arrebatado por Hernán Cortés para edificar sobre él su propio castillo, historia que no dista mucho de la realidad del siglo XXI, por cierto. Regresando por el andador Madero, encontramos la torre latinoamericana, misma que subimos hasta el piso 44 para apreciar la ciudad desde las alturas y en donde me entero que fue el corral en donde guardaba sus animales Moctezuma y ya saben el resto de la historia. Al bajar, en la esquina del eje central Lázaro Cárdenas encontramos una manifestación, mis respetos a esos hombres y mujeres que danzaban semidesnudos portando un sombrero de palma al ritmo de música de folclor mexicano para exigir sus derechos, bien ahí, pueblo, gracias por hacer lo que muchos no nos atrevemos, gracias de verdad. Caminamos hacia el palacio de bellas artes, ¿qué les puedo yo decir de ese edificio que se convierte en poesía al llegar a los ojos de cualquiera? Esa escultura que desde su nombre indica lo que es: una bella arte. A leguas se nota que es mi favorito, ¿no? Por dentro alberga las pinturas de varios muralistas como Diego Rivera, Alfaro Siqueiros, González Camarena, José Clemente Orozco y Rufino Tamayo, según recuerdo. Cuenta con un auditorio con una acústica y visibilidad increíbles. Ese lugar se volvió inmediatamente parte de nuestro ser. Cruzando la avenida hay una tienda departamental que tiene un café con una terraza en el noveno piso, lugar que permite apreciar esta obra de arte en todo su esplendor justo de frente. Insisto, una maravilla. Como lo mencioné anteriormente, nos vimos amablemente forzadas a cambiar la reservación en el restaurante giratorio para el sábado a las dos de la tarde, así que salimos corriendo de la terraza de la tienda departamental para correr al World Trade Center hasta llegar a piso 45 en donde nos recibieron con una mesa bien puesta que incluía dos copas y un menú de cuatro tiempos. Edgar, el mesero, respondió que el restaurante tardaba en dar la vuelta completa al D.F. una hora con cuarenta y cinco minutos, después de que se lo pregunté. Y ese fue el tiempo exacto que pasamos ahí. Iniciamos el recorrido cuando a nuestra vista se encontraba el estadio Azteca y en ese punto es donde terminamos. Después de ahí, fue momento de ir a recoger una sorpresa que desde un fin de semana antes había encargado para Lucía en el tianguis del parque López Velarde ubicado en la colonia Roma para después ir a tomar una siesta y recargar baterías porque en la noche, iríamos a Coyoacán. Oh, Coyoacán y sus leyendas, entre Frida Kahlo, Diego Rivera, León Trotsky y María Angula, nos atrapó. Un lugar construido a base de historias de grandes personajes que lucharon por sus ideales con tal firmeza que ni el concreto igualaría. Caminamos por el centro en donde vimos el kiosco ubicado en el jardín Hidalgo al que le robaron el águila de la punta que el ex Presidente Porfirio Díaz le había mandado a hacer de oro y que ahora es de bronce. Cruzando la calle, se encuentra el jardín del centenario en donde está la fuente de los coyotes, que fue construida para hacer alusión al barrio de Coyoacán que significa “lugar de los coyotes” derivado del náhuatl coyotl. Las calles que rodean los jardines, están pobladas de establecimientos comerciales con decoraciones rusticas y llenas de luces tenues que los hacen ver románticos y atractivos para los transeúntes. Tomamos un recorrido llamado “leyendas de Coyoacán”, en el que nos van contando tanto elementos históricos como leyendas que dejaban helados a los receptores. Cenamos en un lindo restaurante, es época de granadas, y con las granadas llegan los chiles en nogada, una receta que fue creada por las monjas Agustinas del convento de Santa Mónica en Puebla, como festejo a Agustín de Iturbide que regresaba de firmar el acuerdo de independencia de México. Ahora entiendo por qué esos chiles saben a gloria. Coyoacán llegó a su fin para dar lugar a un nuevo día. Amaneció el domingo y con él la sed de aventura y la experiencia de vivir y saber más de nuestros ancestros. El camino a Teotihuacán fue sencillo, libre de tránsito vehicular y con las señalizaciones correctas para ir manejando en carretera sin contratiempo alguno. En un poco menos de una hora, estábamos formadas con una familia de brasileños que contrataron un guía para que les enseñara las pirámides y les contara la historia detrás de ellas, el guía se hacía llamar “spiderman”, se lo juro, no es broma. El recorrido inició y nos mostró el eco y la excelente acústica que existe entre las pirámides, conocimos cómo obtenían los pigmentos para pintar las pirámides en donde el rojo salía de un hongo que le sale al nopal, que al desprenderlo y frotarlo en cualquier superficie se convierte en un inigualable carmín.  Caminamos por la calzada de los muertos que fue llamada así porque los mexicas que descubrieron esa ciudad enterrada en la maleza, pensaron que las construcciones que le hacen valla a la calle, eran tumbas. Lo misterioso de las pirámides de Teotihuacán es que no se sabe qué cultura es la que las habitabas, solo se pueden observar vestigios de que eran elegantes y glamorosos en sus construcciones, porque como ya lo dije, utilizaban pigmentos brillantes, así como piedras preciosas para adornar sus pirámides. Dentro del conjunto está la pirámide del sol con sus 245 escalones y se piensa que originalmente tuvo 365 y por algún motivo está incompleta, lo cual, personalmente se lo atribuyo a que durante el gobierno de Porfirio Díaz, utilizaron dinamita para explotar la tierra que cubría las pirámides, esta pirámide estaba en restauración porque a nuestro actual señor Presidente Enrique Peña Nieto, le pareció estupenda idea hacer excavaciones para meter luces, lo cual, hizo que la pirámide se desnivelara. Total, fue fantástico saber que hay construcciones que todavía tienen niveles hacia abajo por descubrir. Voy a esos lugares y me da por pensar que todos los seres humanos nacemos con esa divinidad, con la capacidad de crear cosas sorprendentes utilizando únicamente nuestras manos, el cerebro y la mente universal que nos da el criterio para hacer las cosas como si las estuviera haciendo Dios mismo, si no, ¿cómo se explican que Teotihuacán, Chichen Itza y las pirámides de Egipto están perfectamente alineadas astronómicamente? Ellos no tenían satélites, ni telescopios que les dieran alguna pauta, tenían una mente divina, un espíritu incansable igual al nuestro, pero sin los estereotipos sociales actuales. Allá arriba de la pirámide del sol, está la gente al centro con la cara al sol y los brazos alzados al cielo, cargándose de energía, es un ambiente tan natural, tan mágico, ojalá todos se dieran la oportunidad de estar ahí. Bajamos y buscamos un sendero que nos llevaría hasta el estacionamiento, este sendero estaba lleno de nopales, que portaban su exquisita y jugosa fruta “la tuna” lista para ser desprendida y comida por los transeúntes. Y bueno, ¿quién era yo para resistirme a esos encantos si ni siquiera había desayunado? Ya me había llenado de ahuates alguna vez que comí tunas, no pasa nada, pensé; así que decidí hacer algo que jamás había hecho en mi vida: comer una tuna fresca y recién cosechada con mis propias manos, sin guantes, sin bolsa, sin protección alguna, tomé la tuna y con mi uña le hice una rayita en medio (siempre lo había hecho así), abrí la cascara y me llevé la tuna a la boca, mordí la mitad y se me fue al suelo la otra mitad porque la solté de inmediato; en dos segundos tenía las manos, los labios, la lengua y las encías ¡¡¡llenas de espinas!!!, no puedo evitar soltar la carcajada cada que recuerdo este escenario, han pasado cuatro días desde entonces y yo todavía tengo ahuates en la encía, lo bueno de todo es que el cuerpo es sabio y ya los hizo parte de mí sin tener molestia alguna. Seguimos el camino mientras mi simpática acompañante se burlaba de mi cara al descubrir las tunas y todo lo que trajo ese descubrimiento, hasta que llegamos al auto para regresar a la ciudad de México. La villa nos quedaba en el camino de regreso, así que decimos llegar a visitar a la Virgen de Guadalupe que está ahí, para escuchar y socorrer a todo aquel que se acerque a ella, como todas las madres con sus hijos. El lugar estaba lleno de fieles, personas que recorrían los pasillos hincados y orando hasta llegar al altar. Había misa, así que el templo estaba lleno por completo. Ir a ver a la virgen siempre ha sido algo maravilloso, me impacta saber todo lo que se habla de esa imagen, como que late un corazón en su abdomen, o que se puede hacer una melodía con las estrellas de su manto, o que no hay pigmento alguno que iguale la calidad de la imagen del cuero en donde está plasmada. En fin, tantas cosas que solo lo divino lo puede explicar. El fin de semana terminó yendo a comer a una cervecería del barrio de Polanco y visitando plaza carso, plaza antara y el museo Soumaya que Carlos Slim mandó a hacer para poner unos cuadritos y unas esculturas que no cabían en su casa. De este fin de semana aprendí tanto, gracias a la mujer que me acompañó, así como a los lugares que visitamos. Lo resumiría como un fin de semana como cualquiera… hubiera sido feliz de vivir. Gracias por venir, Lucía. Gracias vida por toda oportunidad pasada, presente y futura que me das para recorrerte con los ojos y el alma bien abiertos para observar tu majestuosidad. Cristina Corona

domingo, 19 de julio de 2015

El día de las luciérnagas.



Toda fecha llega, sin duda alguna y el tiempo de espera es relativo: puede ser corto cuando no importa tanto o largo cuando se anhela con ahínco. 
El 18 de julio llegó, no puedo decir que lo esperé con ansias, porque no sabía exactamente lo que me esperaba, solo era un día en el que iría a ver el santuario de las luciérnagas a algún lugar en Tlaxcala. 
El paseo dio inicio en el Ángel de la independencia a las 12:00 horas, de donde salió una excursión de alrededor de 7 camiones hacía Nanacamilpa, en Tlaxcala. 
Recorrido paso a paso.
La primera parada fue a una tienda de esas que hay en las gasolineras, en donde siempre habrá un baño en donde hacer fila durante los 15 minutos de tiempo que da el chofer del camión antes de irse, para después salir corriendo a comprar unas papas de las que no se puede comer solo una y una coca ligth para aguantar el camino. Hicimos un recorrido aproximado de 2 horas desde el Distrito Federal (no seré muy buena con los tiempos porque yo iba disfrutando, no viendo el reloj) hasta llegar a Nanacamilpa, un pueblo pequeño con alrededor de 13,000 habitantes. Iremos a una feria -dijo el guía que se llama Víctor. El chofer del autobús (llamado Faustino) al llegar a Nanacamilpa se estacionó -después de algunas maniobras de digno trailero- cerca de la super feria. Bajé del camión buscando una feria justo como "una feria" debería ser en mi mente, sin embargo, encontré un camellón de una longitud aproximada de unas dos cuadras de largo con varios puestos de comida y fritangas que en realidad no debo comer, pero pues... bah, que al cabo no es diario. Al terminar la feria, había un camino lleno de árboles con un arco color blanco al final (ahí comenzó lo lindo). 
Después de recorrer la feria entera -y haciendo caso a mi mandamiento turístico número uno: deberás buscar el mercado, el kiosco, la iglesia y el palacio municipal de cada pueblo o ciudad que visites- decidí emprender la búsqueda al centro de Nanacamilpa. Pregunté a la señora de los chicharrones con cueritos y a unas mujeres afuera de una tienda que por dónde debería yo comenzar la trayectoria (siempre pregunto a dos o tres personas lo mismo, no vaya a ser que me manden a otro lado, y este podría ser el mandamiento número dos del turista) y las referencias de ambas fueron: "mira, te vas hasta donde se ponen los taxis y de ahí das vuelta a la derecha en la tienda de doña Lupe (vende verduras), pasarás por el mercado y de ahí das vuelta en donde está la paletería de Luis a la izquierda, ahí luego luego está el parque". Y pues allá voy... en el camino vi a un policía muy guapo dirigiendo el tránsito vehicular (es momento de rectificar la información que me dieron las señoras, pensé) y pues le pregunté que por donde podría yo caminar para ir al centro del pueblo, me dijo que caminara cuatro cuadras hasta llegar a la tienda de doña Lupe, ya con esa referencia, me di una idea cuantitativa de lo que tendría que caminar (porque es importante respetar los tiempos que marca el recorrido, mandamiento número tres del turista), así que tenía una hora para ir y conocer Nanacamilpa en su máximo esplendor. Caminé las cuatro cuadras mencionadas y pude notar que hay por lo menos cinco perros callejeros por cuadra (me los quería llevar a todos); En un puesto, vi que el señor de los tacos pateó a un perrito para ahuyentarlo, y me dio tanta tristeza que llegué a preguntar cuánto costaba un taco, pedí uno y en su cara se lo di al perrito (es bonito hacer feliz a un perrito). También encontré muchos negocios por la calle principal, desde una pulquería (de la que ya les contaré) hasta llanteras, verdulerías con todo tipo de especias y dignas de mencionarlas por su excelente surtido, tiendas de abarrotes, tortillerías, en fin, todo lo que un habitante pudiera necesitar. Llegué a la verdulería de doña Lupe y di vuelta a la derecha, en donde a media cuadra encontré el mercado aun abierto, podría decir que no tiene nada de especial por lo menos en cuanto a la construcción se refiere, pero bastante especial debido a las personas trabajadoras que lo habitan, continué mi recorrido y encontré la paletería de Don Luis, en donde di vuelta a mano izquierda para mirar de frente el kiosco de la plaza principal del pueblo. La plaza principal cuenta con unas baquita con un diseño hermoso, llevan una sombrilla y debajo de ella una mesita y cuatro banquitas para que los habitantes y turistas se sienten a ver pasar gente (mi actividad favorita mientras como helado). El kiosco con un diseño muy singular, pues lleva las escaleras por un costado como en forma de caracol, nunca había visto uno así. En la catedral del pueblo "parroquia San José" lucía adornada a todo su esplendor, con tul y flores en los pasillos pues había tenido ceremonia de primera comunión para dar paso a unos XV años. El santo patrono es San José a quien lo celebran el 19 de marzo, fecha en la que también es la feria del pulque, ya me imagino la fiestota que ha de armarse. A un lado de la iglesia está el palacio municipal que tiene por presidenta a una mujer (tal vez por eso la fachada es rosita, jijijí) lo cual me pareció magnifico, eso me da la sensación de apertura y otros temas que por ser una población tan pequeña, me habla de un gran logro. Ya habían pasado varios minutos de mi recorrido así que decidí regresar y en el camino de regreso encontré una pulquería a la que no podía dejar de asistir, a la entrada había una figura de un burrito cargando las barricas de pulque y muchos jóvenes con camionetas con el estéreo a todo volumen escuchando música y tomando, entré y doña Mary -abuela de Juan-, lo primero que me dio a probar fue el licor de agave que está tan delicioso que de inmediato le dije que me llevaría una botella de eso, por otro lado Juan, preparaba muestras de cada uno de los pulques colados que tenían (kiwi, maracuyá, fresa, piña colada, piñón, pistache, etc.) probé cada uno y me percaté de que el pulque es muy bueno. Después de probar todos los pulques, pagar mi botella de licor de agave y mirar el lugar lleno de chaviza tomando pulque y comiendo botanas mientras escuchaban banda en una rockola, decidí caminar de regreso al camión puesto que ya casi era hora de salir hacia el santuario de las luciérnagas.

El recorrido continuó hacia el rancho de San Isidro, en donde los propietarios de la marca “Del Razo”, nos enseñaron sus plantíos de maguey y los productos que comercializan derivados de la planta, entre ellos el pulque; nos contaban que el pulque ha sido  tristemente desplazado por la cerveza y que encontraron la fórmula para enlatarlo y exportarlo a USA, en donde es su principal mercado son los mexicanos. Hablaban también de las malas prácticas de los trabajadores del campo quienes roban la corteza de las pencas para venderla para la elaboración de los mixiotes, también nos contaron de una alianza que acaban de firmar con José Cuervo, en donde les enseñarán los secretos para un mejor cultivo y rendimiento de las pencas de maguey.  En el rancho vi los cuartos en donde destilan el pulque, comí tamales y tomé café de olla, escuchamos banda y probé de muchos más sabores de pulque, mi favorito fue sin duda el de vino tinto.
Ya estaba anocheciendo, así que el grupo (distinguido por el número 16), nos fuimos al camión para dirigirnos al santuario de las luciérnagas que se encuentra muy cerca del rancho San Isidro. Durante el camino comenzó una tormenta, cosa que según Víctor (nuestro guía) era perfecto para el ambiente de las luciérnagas.
Bajamos del camión y caminamos bajo la lluvia por un sendero empedrado hasta llegar a una zona en donde vendían toda la comida típica de la zona -todo bajo un ambiente pueblerino y en un entorno que gira alrededor de un bosque en medio de la nada-, ahí nos dieron media hora para disfrutar y esperar a que se hiciera de noche para emprender el recorrido.
El tiempo pasó y el recorrido comenzó: llegué a donde estaba reunido el grupo y ya estaban formados de dos en dos, así que me puse hasta adelante y escuché la voz de una señora decir “es de dos en dos” a lo que yo respondí “y si vengo sola, ¿cómo le hago?”, a mi pregunta respondió una vocecilla “pues te formas conmigo”, era Dulce que por primera vez se atrevía a viajar sola para enfrentar miedos y romper con viejos esquemas del pasado. Y así, en medio de la lluvia y en condiciones dignas de aventuras de bosque y gente guerrera que aguanta todo terreno sin chistar, comenzamos a adentrarnos al santuario. Todavía había luz, así que caminamos por unos minutos sin ver mucho más que hermosos árboles y la vegetación del lugar mientras respirábamos aire puro y platicaba con Dulce de cómo es que Dios sabe qué es lo que hace y cómo y cuándo hacerlo y justo hoy que ella lo necesitaba, le puso a un lado a una mujer que siempre anda sola, que no me da miedo, ni pena, ni lástima, ni pesar andar sola, que por el contrario, me encanta viajar a mis anchas, a mis ritmos y a mis tiempos. Y que justo hoy, por las condiciones del entorno, no era bueno que yo estuviera sola, Dulce me tomó del brazo todo el camino e incluso me salvó de caerme más de tres ocasiones porque el suelo era muy resbaloso. Como le dije y les repito: Dios sabe.

El recorrido duró aproximadamente una hora y media, comenzó oscurecer y de pronto, puntitos de fuego comenzaron a aparecer dispersos por el bosque; mientras más nos internábamos en él, más destellos luminosos aparecían, hasta que llegó el momento por el cual íbamos todos, vimos un bosque lleno de luciérnagas, de chispas resplandecientes rodeándonos por doquier. Llegó el momento en que respiré profundo y entendí que para eso nací, y entonces, lloré… fue un momento en el que me quedé sin aliento, en donde reafirmé que somos uno, que la tierra es una misma y todos estamos aquí para exactamente el mismo propósito. Una belleza, algo increíble e indescriptible solo por el hecho de que cada quien lo percibe a su manera, para mí fue fantástico ver un bosque lleno de una vida que no conocía en todo su esplendor. Las luciérnagas hembra no tienen alas, por lo que era importante mirar el suelo por donde caminábamos puesto que ellas, esperan que sea el macho el que baje a aparearse con ellas, mientras eso ocurre, el macho vuela por todo el bosque, tratando de llamar la atención de las hembras cosa que realmente lograron conmigo. Dulce le salvó la vida a muchísimas hembras, porque nos avisaba justo cuando íbamos a poner el pie en sobre alguna que estuviera en el camino. La lluvia, el camino, las piedras, los arbustos y las condiciones un tanto adversas poco nos importaron, el recorrido fue maravilloso, Lulú que era una guía asignada para el recorrido, nos ayudó mucho a que fuera de esa manera. México sí que está lleno de gente trabajadora y con ganas de salir adelante todos los días, México y su gente, realmente valen la pena… y la alegría.
Como todo, el recorrido llegó a su fin, aún con lluvia caminamos al autobús de regreso, que por ser el primero que llegó, fue el último en salir del santuario, lo que nos tomó aproximadamente una hora y media más arriba del camión esperando el turno de salir.
Llegamos al D.F. a las 2:00 am, nos bajamos en el ángel de la independencia en donde cada quien, tomó su camino a casa.
Mi lección de hoy: gasta en experiencias, no en apariencias.

¡¡¡Gracias por la lección, Tlaxcala!!!

lunes, 5 de enero de 2015

¡¡¡Bienvenido, 2015!!!


Hola, gente bonita, gente bien.
Se nos fue un año más y para compensar  recibimos uno nuevecito, sin estrenar y listo para ser planeado como mejor nos parezca, se parece tanto a la vida: hay que dejar ir para dar espacio a recibir cosas nuevas. Hoy tenemos un año más con una oportunidad cada día, un año más para hacer de nuestra vida un viaje inolvidable, algo digno de ser contado.
¿Te atreverías a contar toda tu vida a los demás? Yo sí. Mi vida es digna de ser contada, toda, completita, porque me he encargado de vivirla de tal manera que no me avergüenza ni una sola de mis acciones, porque todo lo decidí cuando creía que era lo correcto o lo mejor para mí en ese momento, porque lo que he hecho bueno o malo, me ha dejado una enseñanza  y porque vida solo tenemos una (por lo menos a este mismo nivel de conciencia) y hay que vivirla al máximo, con plenitud y con la certeza de que hoy es lo único que tenemos; el hoy es el regalo que tenemos todo el tiempo y que lamentablemente, un día perderemos.
En mi mensaje pasado les dije que el año 2014 sería mejor, ¿y saben? No me equivoqué. Fue un año increíble para mi desarrollo personal. Aprendí de tantas situaciones y de tantas personas que se cruzaron en mi camino, que me voy del 2014 con el corazón lleno de amor y dispuesto a amar.

Les compartiré algunos aprendizajes que el 2014 trajo a mi vida:
·         Aprendí a amar y a respetar al ser humano que miro en el espejo todos los días. A entender que no importa que en mi familia me digan que estoy gorda, igual me quieren, que no importa que la sociedad diga que la mujer debe ser esbelta, igual valgo, que todo mundo habla de las apariencias, igual engañan, que en los trabajos no aceptan personas “con mala presentación”, igual soy un ser humano inteligente y  muy capaz.
·         Aprendí a vivir con todo mi ser; el ser, es la parte divina de nuestra humanidad y que toma todo lo bueno que nos pasa y lo transforma en experiencias que nos ayudan a evolucionar.
·         Aprendí los adultos de la familia que en mi infancia parecían aburridos o mal humorados, son seres humanos fantásticos y maravillosos que solo estaban haciendo el papel de adulto frente a una niña.
·         Aprendí que los buenos amigos son para siempre, si se acaba, no era amistad, era compañía momentánea.
·         Aprendí que la marca más importante es la que dejamos en el corazón de las personas que nos rodean. No hay  marca más valiosa que esa.
·         Aprendí que la congruencia es fundamental en la vida del ser humano y que debo trabajar en que mis pensamientos, mis palabras y mis acciones sean una sola cosa.
·         Entendí que todo ser humano debe tener una meta; vivir sin rumbo no es lo correcto aunque sea lo más común.
·         Aprendí que sin esfuerzo no existe el éxito. Eso todos lo sabemos en teoría, pero en práctica es mucho más difícil de llevar a cabo, sin embargo, lo aprendí, lo entendí y lo viví. Y espero seguirme esforzando, seguir teniendo éxito.
·         Aprendí que todos los seres humanos tenemos distintas formas de amar, es importante entender la de cada persona para compaginarla con la manera en la que nosotros percibimos el amor.
·         Aprendí que siempre hay alguien.
·         Aprendí a amar las perlas y a entender que la vida es muy parecida a ellas. Todo ser humano lleva por dentro el nácar necesario para hacer de su vida una perla. http://miradahaciaelalma.blogspot.mx/2014/10/las-perlas-son-piedras-preciosas.html
·         Aprendí que es importante sentirse agradecido por absolutamente todo lo que nos pasa. Sentirse agradecido es importante para aprender a valorar cualquier cosa que tengamos o nos ocurra en la vida. El agradecimiento es una de las claves de la felicidad.
·         Aprendí que la vida siempre ha sido muy generosa conmigo. Y que probablemente eso venga de la manera en la que veo a la vida.
·         Aprendí que el mundo es como lo ven nuestros ojos. Un ser humano es incapaz de ver lo que no conoce, así que si vemos odio en el otro, es porque odiamos, si vemos amor, es porque amamos, si vemos todo color gris, algo turbio llevamos en el alma. La vida es como somos por dentro.
·         Aprendí que el silencio es necesario para todos los días, todos necesitamos un minuto de silencio para reflexionar y entender el para qué de cada día.
·         Aprendí a conocerme mejor, a escucharme y a ver a la gran mujer que hay dentro de mí.

El año 2014 fue magnífico, gente bonita, porque además de todo, ustedes estuvieron ahí, y lo mejor de todo es que ¡YA ES 2015 Y USTEDES AQUÍ SIGUEN! Agradezco con toda el alma el que estén en mi vida año con año, esto no tiene precio, estamos bien, sanos, con trabajo y con toda la vida por delante para dejar en los demás lo mejor de nosotros. Con este, son siete años escribiendo un mensaje para ustedes (adjunto en este mismo mensaje el historial con cada uno de ellos) y espero seguirlo haciendo durante muchos años más. Si es el primer año que recibes este mensaje: Te felicito, bienvenido a mi vida.
Muchas gracias por darte el tiempo de leerme, muchas gracias por ser una persona tan importante en mi vida y muchas gracias por dejar en mí lo mejor de ti  cada que nos vemos o nos hablamos o chateamos, o todas las anteriores.

Espero que este año 2015 te deje muchas enseñanzas y que te dé todo lo necesario para que termines siendo un mejor ser humano que cuando iniciaste.
“Pero sobre todas las cosas: nunca te olvides de Dios…”
Reitero que cuentas conmigo, siempre.