Hace algunos años, mi mejor amiga me dijo "tu novio no es tu amiga" y me enojé. Mi primera reacción fue pensar, "¿acaso está diciéndome que no confíe en él?", "¿qué no sabe que es a quien más confianza le tengo?", "¿cómo pretende que no confíe en mi novio si las relaciones se tratan de tenerse confianza y contarse todo?". Y entonces, cierto día comprendí lo que Wendy intentaba decirme.
En una relación siempre son tres partes, la pareja, yo y la relación que entre ambos formamos; cuando tenemos un vínculo, es normal pasar por situaciones personales que nos llevan a estar enojados con nuestra pareja, o a dudar, o a tener sentimientos que no son sanos para la relación.
El hecho de comunicar a nuestra pareja los pensamientos negativos que ocurren dentro de nosotros mismos, sin antes procesarlos, digerirlos y dar un dictamen final, hace que la otra persona se contagie de ese modo, que tal vez, a nosotros después de procesarlo, se irá. Nuestra pareja se queda afectada por lo dicho, tratando de entender el caos en el que metimos a la relación. Y entonces, nuestra pareja entra en estado de duda, de incomodidad o resentimientos, sintiendo que algo se quebró o que algo está tambaleándose, estado que a su vez, nos contagia. Y es así, como existe un círculo vicioso en donde la relación se va desgastando.
Entiendo que la frase "tu novio no es tu amiga" significa que como individuos que somos, es importante comunicar lo que llevamos dentro a un tercero, a una amiga o un amigo que pueda ayudarnos a digerir, a procesar, a ponernos los pies sobre la tierra y eliminar el caos que tenemos en la mente, para no afectar a nuestra pareja.
Esto no significa que no debemos comunicar a nuestro ser amado lo que pasa con nosotros, significa que debemos ser cuidadosos con las cosas que decimos y cómo las decimos porque un simple pensamiento que no ha sido procesado, puede afectar para siempre al tercero en discordia: la relación.
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