miércoles, 27 de abril de 2016
A propósito del acoso...
Estos días he estado escuchando mucho sobre el acoso, es sin duda, un tema más grave de lo que pudiéramos pensar. Nadie hablamos de eso, las mujeres estamos acostumbradas a callar por vergüenza o porque simplemente pensamos que no tiene importancia y lo dejamos pasar.
Pero hoy decidí que no voy a dejarlo pasar una vez más, así que les contaré todo acoso del que yo tenga memoria:
Cuando tenía 4 años, yo iba al kinder y un niño me dijo: “si tú me enseñas qué tienes ahí, yo te enseño lo que tengo aquí. Y sin que yo le enseñara, él me enseñó su pene”.
Cuando estaba en la secundaria, no recuerdo si fue un paseo o por qué situación estábamos en la calle, nos persiguió un hombre que se estaba masturbando dentro de su auto.
Una ocasión iba al inglés por la mañana y un hombre por detrás metió la mano para tocarme y me dijo cosas horribles.
En San Blas, en la plaza, un hombre de la misma manera, metió la mano por detrás de mis piernas para tocarme.
Otra ocasión, en el camión... estando yo sentada, un fulano recargó su pene erecto sobre mi hombro.
Iba caminando en la colonia donde crecí y un tipo se bajó el cierre y me enseñó el pene.
Hace no mucho, en Guadalajara... esperaba dentro de mi auto a que abrieran un taller mecánico y llegó un hombre a masturbarse junto a mi vidrio.
En estos tiempos es muy común escuchar comentarios de algunos caballeros referirse a las mujeres por sus atributos físicos, ver como se les van los ojos cuando ven un par de piernas femeninas andar o un par de pechos expuestos en un escote luchando contra la ley de la gravedad. Es algo muy incomodo. Somos mujeres, igual que sus hijas, que sus madres, que sus hermanas. Merecemos recato y respeto.
Todo esto me pasa a mí... que siempre he tenido una vida tranquila y sencilla, nada fuera de lo común.
¿Que lo merezco?¿Que es mi culpa?¿Que yo me lo busqué? ¡JAMÁS! Soy una mujer libre, que sabe que si quiere respeto, debe respetar, que elijo el lema “el respeto al derecho ajeno es la paz” y el “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan”.
Con todo esto, solo me pongo a pensar qué tipo de educación hemos tenido. Qué pasa con nuestra sociedad para la cual es muy común denigrar a una mujer o decirle un vulgar “piropo”. No está nada bien esto que está ocurriendo, no está bien que cerremos los ojos o que callemos estas situaciones. No tenemos nada de qué avergonzarnos. No soy yo, eres tú, enfermo mental. Eres tú, hombre sin valores, sin principios, sin alma, sin vida, sin corazón...
Te invito a ti, lector: tienes el mundo en tus manos, la educación de nuestros hijos es ahora, los valores, el afecto, el amor, el respeto a todo ser vivo y sobre todo al ser humano son fundamentales para el desarrollo de una persona que necesita vivir en sana convivencia. Las lecciones que hagamos nuestras hoy, serán los valores sociales de mañana. Por favor, no te calles, no te quedes quieto y como dice Mario Benedetti, “no te salves”.
“No es tan importante el viaje como la forma en que tratamos a los que nos encontramos por el camino”. - Jeremy Aldana.
Cristina Corona.
viernes, 1 de abril de 2016
Crónica de mis pensamientos.
Hoy fue un día como muchos otros... lleno de prisa por la mañana, sacar a Dayra a pasear, darle de comer, bañarme, vestirme, peinarme (buena broma), hacer un licuado y salir corriendo a mi clase de portugués. Durante el trayecto al trabajo pensé en cosas como: qué terrible que el mundo esté como está, cómo la gente se levanta de malas haciendo caras y gestos descorteses desde temprano a otros conductores, no alcanzaré a maquillarme porque no me ha tocado ningún alto, no le he hablado a mi abuelita, tengo que pagar el mantenimiento, y entonces mis pensamientos se detuvieron cuando escuché a una locutora leer una reflexión sobre un árbol que no sabía el sentido de su vida, que estaba desesperado por saber quién es y con la finalidad de lograrlo, escuchaba los consejos de todo mundo y desesperado trataba de aplicarlos, le aconsejaron dar rosas y no pudo, le aconsejaron dar manzanas, y no pudo, le aconsejaron dar naranjas y no pudo... entonces, un búho le habló de su voz interior; el árbol, después de cuestionarse, logró escuchar su voz interior diciendo: tú eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar sombra y cobijo a quien te necesite. Yo quiero ser un roble, pensé. Qué tope tan grande, qué bárbaros, hacen que se detenga todo el tráfico, pasen peatones -si no los dejo pasar yo, no sé a qué hora podrán hacerlo-, algún día viviré en este edificio, qué avanzada va la construcción, les está quedando bonito, me gusta el domicilio Campos Eliseos 71A, A de Alma, como mi mamá, qué tengo que hacer para ganar el dinero para comprármelo, no viene carro a la izquierda y no recuerdo haber visto alguno a la derecha y apareció el rostro asustado de una chica con unos ojotes verdes abiertos en su máxima expresión en un carro blanco frente a mí, y pensé: voy a chocar ¡¡¡PUM!!! Entendí por qué las caricaturas ven estrellitas, las sentí correr por todo mi cuerpo, ¡¡¡la chica!!! ¿Estás bien? Le grité desde mi automóvil a lo que ella respondió una serie de barbaries que no son dignas de mencionar en este entorno tan familiar que nos brinda esta plataforma. Uf... está bien, qué alivio, pero qué susto que diga que yo tuve la culpa y además rodeada de mil personas de su lado y yo aquí sola. Ella tampoco me vio, no me puede hacer responsable. ¿Qué hago? PIENSA, ¿qué hago? No puedo respirar, ¿me voy a morir? ¡¡¡Mi carro!!! Se ve muy mal. Llama al seguro, ojalá lleguen rápido. Llama a alguien que pueda ayudarte... y pensé en la única persona que me hace sentir un punto de apoyo en esta gran CDMX. ¿Qué más hago? ¿Y si me pasa algo, y si me muero? Marca al 331314.... mamá, acabo de chocar, estoy bien, pero mi carro está muy golpeado. Mi madre se quedó preocupada, no debí hablarle ahorita, no me va a pasar nada, qué dramática, háblale a la Lupe, oh, los bomberos, qué raro, alguien me dijo una vez que no había nadie más importante en un choque que los bomberos, no entiendo qué hacen aquí, ahh sí, vienen a revisar que todo esté bien, mira también está la policía y los de Telmex con asistencia vial, yo no los pedí, qué rara es esta CDMX, ¿por qué lloro? O sea, no me pasó nada, bueno, calma, estás asustada Cristina, es normal llorar. Van a mover mi carro, le solté las llaves al bombero sin saber ni cómo se llama, a ver si no se lo roba, ese paramedico no es nada feo, ah mira, ya llegó el seguro, todo está bien, qué bueno que tengo seguro, cuánto va a salir ese golpe, me quedaré sin carro por mucho tiempo, me servirá para caminar entre 8 y 9 km diarios, qué bien, por lo menos algo bueno saldrá de todo esto, auuuuch... me duelen la espalda y el pecho, qué chillona, no te pasa nada, con dos pastillitas mágicas se te quita, ay tengo mucho trabajo, revisaré mis correos, debo hacer falta en la oficina, que me lleven al médico para que me digan que no es nada y listo, me voy a la oficina.
Y así fue como ocurrió todo en mi mente esta mañana antes de las 11 am. Pudo ser distinto, pero así tenía que ser, ¿para qué? Todavía no lo sé. Lo que no me puedo sacar de la cabeza es el momento del choque y no dejo de pensar que pudo ser peor y en lo agradecida que estoy de tener la oportunidad de volver transparente mi cerebro y contarles lo qué pasó por mi mente justo antes de que ocurriera lo que esta mañana lamentable o afortunadamente -solo el tiempo lo dirá-, me ocurrió. CDMX, 31 de marzo de 2016.
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