viernes, 1 de abril de 2016
Crónica de mis pensamientos.
Hoy fue un día como muchos otros... lleno de prisa por la mañana, sacar a Dayra a pasear, darle de comer, bañarme, vestirme, peinarme (buena broma), hacer un licuado y salir corriendo a mi clase de portugués. Durante el trayecto al trabajo pensé en cosas como: qué terrible que el mundo esté como está, cómo la gente se levanta de malas haciendo caras y gestos descorteses desde temprano a otros conductores, no alcanzaré a maquillarme porque no me ha tocado ningún alto, no le he hablado a mi abuelita, tengo que pagar el mantenimiento, y entonces mis pensamientos se detuvieron cuando escuché a una locutora leer una reflexión sobre un árbol que no sabía el sentido de su vida, que estaba desesperado por saber quién es y con la finalidad de lograrlo, escuchaba los consejos de todo mundo y desesperado trataba de aplicarlos, le aconsejaron dar rosas y no pudo, le aconsejaron dar manzanas, y no pudo, le aconsejaron dar naranjas y no pudo... entonces, un búho le habló de su voz interior; el árbol, después de cuestionarse, logró escuchar su voz interior diciendo: tú eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar sombra y cobijo a quien te necesite. Yo quiero ser un roble, pensé. Qué tope tan grande, qué bárbaros, hacen que se detenga todo el tráfico, pasen peatones -si no los dejo pasar yo, no sé a qué hora podrán hacerlo-, algún día viviré en este edificio, qué avanzada va la construcción, les está quedando bonito, me gusta el domicilio Campos Eliseos 71A, A de Alma, como mi mamá, qué tengo que hacer para ganar el dinero para comprármelo, no viene carro a la izquierda y no recuerdo haber visto alguno a la derecha y apareció el rostro asustado de una chica con unos ojotes verdes abiertos en su máxima expresión en un carro blanco frente a mí, y pensé: voy a chocar ¡¡¡PUM!!! Entendí por qué las caricaturas ven estrellitas, las sentí correr por todo mi cuerpo, ¡¡¡la chica!!! ¿Estás bien? Le grité desde mi automóvil a lo que ella respondió una serie de barbaries que no son dignas de mencionar en este entorno tan familiar que nos brinda esta plataforma. Uf... está bien, qué alivio, pero qué susto que diga que yo tuve la culpa y además rodeada de mil personas de su lado y yo aquí sola. Ella tampoco me vio, no me puede hacer responsable. ¿Qué hago? PIENSA, ¿qué hago? No puedo respirar, ¿me voy a morir? ¡¡¡Mi carro!!! Se ve muy mal. Llama al seguro, ojalá lleguen rápido. Llama a alguien que pueda ayudarte... y pensé en la única persona que me hace sentir un punto de apoyo en esta gran CDMX. ¿Qué más hago? ¿Y si me pasa algo, y si me muero? Marca al 331314.... mamá, acabo de chocar, estoy bien, pero mi carro está muy golpeado. Mi madre se quedó preocupada, no debí hablarle ahorita, no me va a pasar nada, qué dramática, háblale a la Lupe, oh, los bomberos, qué raro, alguien me dijo una vez que no había nadie más importante en un choque que los bomberos, no entiendo qué hacen aquí, ahh sí, vienen a revisar que todo esté bien, mira también está la policía y los de Telmex con asistencia vial, yo no los pedí, qué rara es esta CDMX, ¿por qué lloro? O sea, no me pasó nada, bueno, calma, estás asustada Cristina, es normal llorar. Van a mover mi carro, le solté las llaves al bombero sin saber ni cómo se llama, a ver si no se lo roba, ese paramedico no es nada feo, ah mira, ya llegó el seguro, todo está bien, qué bueno que tengo seguro, cuánto va a salir ese golpe, me quedaré sin carro por mucho tiempo, me servirá para caminar entre 8 y 9 km diarios, qué bien, por lo menos algo bueno saldrá de todo esto, auuuuch... me duelen la espalda y el pecho, qué chillona, no te pasa nada, con dos pastillitas mágicas se te quita, ay tengo mucho trabajo, revisaré mis correos, debo hacer falta en la oficina, que me lleven al médico para que me digan que no es nada y listo, me voy a la oficina.
Y así fue como ocurrió todo en mi mente esta mañana antes de las 11 am. Pudo ser distinto, pero así tenía que ser, ¿para qué? Todavía no lo sé. Lo que no me puedo sacar de la cabeza es el momento del choque y no dejo de pensar que pudo ser peor y en lo agradecida que estoy de tener la oportunidad de volver transparente mi cerebro y contarles lo qué pasó por mi mente justo antes de que ocurriera lo que esta mañana lamentable o afortunadamente -solo el tiempo lo dirá-, me ocurrió. CDMX, 31 de marzo de 2016.
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