miércoles, 23 de agosto de 2017

Carta a mi abuela.

Ciudad de México a 24 de agosto de 2017.

 Mi chinita,

Soy la Cristy, estoy haciendo un recuento de las cosas que quiero agradecerte y segura estoy que son miles, por ahora te quiero dar gracias por enseñarme a soñar despierta, por aquella vez que andábamos en el auto en alguna parte de la ciudad en donde había neblina, nubes y un lago y me dijiste que las nubes bajaban a tomar agua, que por eso llovía, para mí tu palabra era ley, así que el día que mi maestra de primaria me habló sobre el ciclo del agua, juré que estaba mal, mi abuela y yo habíamos visto otra cosa. O la vez que estabas bañándote y yo por fuera jugando te decía que abriría la puerta con mi mente y de repente, la puerta se abrió, te prometo que por mucho tiempo creí que yo hacía magia. También recuerdo la vez que me compraste un peluche de Topo Gigio, era cumpleaños de mi vecino Pepito y me preguntaste que si podíamos regalárselo a él en su fiesta a lo que yo accedí... solo recuerdo que después de la fiesta, recorrimos montones de cruceros buscando un Topo Gigio nuevo porque me había arrepentido de regalar el mío. Tenía muy pocos años, tal vez menos de seis años cuando todo esto pasó... estoy recordando cuando me enseñaste a hacer quebrados y fuiste a la primaria a enseñar a la maestra a hacerlos de manera correcta y cuando nos llevabas en tu auto con persianas en el vidrio trasero, a todas mis amigas de la secundaria después de hacer un trabajo en equipo o todas las veces que fuiste por mí a un montón de lugares, gracias abuela por siempre haber estado conmigo, al pendiente de mí, por ser mi guía y perdón por haber sido tu dolor de cabeza durante mi adolescencia, decías que me decías las cosas porque yo era igualita a ti cuando eras joven, como un potro desbocado.

Gracias abuela por tantos valores, por enseñarme a dar a los más necesitados, recuerdo que siempre tuviste comida para todo aquel que tocaba la puerta de tu casa pidiendo caridad. Me enseñaste que el mundo jamás se cierra, que para todo en absoluto hay una solución y que lo importante es encontrarla. De ti aprendí el espíritu aventurero, esas ganas de ver el mundo, de viajar, de disfrutar cada lugar que piso, aprendí a ser sencilla, todo terreno, me enseñaste a ser adaptable a cualquier sitio o circunstancia, muchas gracias por eso también, abuela. Gracias por enseñarme a cocinar, nunca lo haré como tú, eso es cierto... pero dejaste algo de ti en mí para toda la vida. Gracias por las tardes que pasábamos haciendo algún postre, Maria la gorda, ¿te acuerdas a qué sabe?

Gracias chinita por enseñarme el valor de la amistad, por haber salido a tantos paseos con tus amigas, por mantenerte en las reuniones semanales con ellas por más de 30 años, en donde todo comenzaba leyendo la biblia y terminaba en platica de amigas íntimas, a veces con uno que otro tequilita, de ti aprendí el valor de conservar y cuidar a las personas que están dispuestas a hacer lo mismo por mí.

Mi Batiti, muchas gracias por ser la mejor guía que pudo existir en mi vida... todavía tengo tus palabras rondando por mi mente, “sé prudente, Cristina todo lo que hagas será para ti” y aunque siempre he sido muy vaga porque de ti aprendí el gusto por la calle y las cosas buenas de la vida, siempre cuidé y he cuidado mis acciones, ya lo dije alguna vez, me gusta el peligro, pero de lejos.

Gracias por tu carácter, por tu sonrisa, por siempre haber sido una mujer feliz, eso también lo aprendí de ti. Eres una mujer admirable, tu fortaleza y tu espíritu de servicio siempre me han impresionado, y aspiro a algún día poder decir, que eso también lo aprendí de ti.

Gracias por tu tiempo, por el espacio de tu vida en que te dedicaste a mí.

Feliz día de la abuela a la mejor del mundo.

Te amo, Chinita.

Atentamente, La Cristy.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Un corazón con varios dueños.

Nuestro corazón pertenece a las personas que están con nosotros en los momentos difíciles, es de aquellos que nos dan la mano y nos dicen “todo estará bien”, “pronto pasará”, “aquí estoy contigo”, es de quien nos llama solo porque sí o nos escribe para compartirnos sus alegrías, porque sabe que nos alegrará el día verle feliz.
 El afecto entero es para quien responde una llamada y escucha sin interrupciones cuando la soledad cala y los demonios nos atormentan. Todo el cariño para quien deja de lado su celular para mirarnos a los ojos cuando nos tiene enfrente, para quien sabe disfrutar de la compañía y para aquellos con quienes los silencios no son incómodos.
Todo el aprecio para las personas con las que se puede ser uno mismo, con las que se puede hablar sin filtros, pensar en voz alta, equivocarse y aceptar un perdón cuando les fallas porque saben que jamás lo hiciste con intención de herirles.
 Todo nuestro amor es para quienes tienen tiempo de estar, de reír, de llorar, de disfrutar o quejarse de la vida a nuestro lado, para quienes somos importantes y para quienes siempre hacen un espacio en su tiempo y nos involucran como parte de sus ocupaciones cotidianas.
 Nuestro corazón, en definitiva, es para nuestros compañeros de vida, padre, madre, pariente, vecino, tío, primo, amigos, para quien sea que esté dispuesto a darnos la mano durante nuestro recorrido por la vida.

 A todos, gracias por estar conmigo.
 -Cristina Corona-