Querido Javier:
Hace ya 22 semanas que te llevo conmigo -según los conteos médicos-, aunque la verdad han de ser alrededor de 20 semanas que vas conmigo a cualquier parte. No imaginas siquiera lo que ha pasado por mi mente estas semanas, soy un mar de emociones, todos los días amanezco con un miedo nuevo (por increíble que parezca), siempre hay algo que temer cuando se trata de lo más importante que tendremos tu papá y yo en nuestra vida.
Primero tenía miedo de haber tomado algo indebido mientras no sabía que existías, aunque no fue mucho tiempo, pues supimos que vendrías cuando tenías cinco semanas de gestación, me parecía inquietante no acordarme si tomé lácteos no pasteurizados, comí ostiones, quesos, huevo crudo o algo que pudiera haberte dañado estando tan chiquito; ya que pasó ese susto, comencé con el miedo a perderte porque me decían que en ese periodo de tiempo podría haber abortos espontáneos y pues estuve sin subir escaleras o hacer ejercicio por varias semanas, una vez que pasó eso, comenzó el temor a que no fueras un bebé sano, no me dejaba dormir la idea de que algo pudiera estar mal contigo, por mi culpa, por culpa del entorno, de las circunstancias o por cualquier cosa, pensar que algo pudiera salir mal contigo me quitaba hasta el aliento, enseguida de eso, pasó el episodio en donde nos sacamos un susto y mi mente se fue a lugares que nunca había visitado y que me llevaban a sentimientos nada agradables de miedo, impotencia e incertidumbre, y como todo, eso también pasó porque gracias a la tecnología del siglo XXI pudimos ver que tienes cinco dedos en cada mano, cinco dedos en cada pie y que todos tus órganos y parámetros de crecimiento están dentro del promedio de un niño sano y que incluso yo estoy dentro de los parámetros de una madre sana, eso fue un alivio, mi amor... Saberte sano, Javier, de repente hizo que nada más me importara, por un par de días.
A finales de la semana 17, comencé a sentir tus movimientos de manera muy sutil y cada semana que va pasando te siento cada vez más, con más fuerza, más énfasis y en periodos menos prologados de tiempo, ¡estás creciendo muy rápido! y ¿qué crees? con eso nació un miedo nuevo: vas a tener que salir por algún lado de mi cuerpo alguno de estos días, que esperemos sea hasta el mes de noviembre, según lo previsto. ¡¿Qué vamos a hacer cuando llegue ese momento?! ¿Podré soportar tanto dolor? ¿Y si me muero? ¿Y si algo no sale bien? ¿Tendremos al mejor equipo médico del mundo por si algo se complica? ¿Podremos hacer esto tu papá y yo solos? Me muero de miedo, Javier... de no poder hacer esto y dañarte de alguna manera. La incertidumbre es nuestra fiel compañera, qué daría yo por la certeza de que todo saldrá bien, a veces la fe no me alcanza para creerlo y estar tranquila.
Además de que siempre hay algo que temer, he conocido a mis peores enemigas: las hormonas. Ya había oído hablar de ellas, se supondría que durante el resto del tiempo ya debí haberlas conocido, pero la verdad la habíamos llevado bastante bien, nunca me jugaron una mala pasada, eramos amigas, convivíamos de la mejor manera, que aunque a veces se metían con mis sentimientos, no lograban llegar hasta mis pensamientos. Ahora sí, te puedo contar que para una mujer embarazada las hormonas pueden ser la gloria o el infierno, así como lo lees, la gloria o el infierno, porque al menos en lo que a mí respecta (no sé si a las demás mamás embarazadas les pase), me hacen sentir y sobre pensar todo a la máxima potencia, todo es maravilloso o todo es desastroso, no hay medias tintas. Pobre de tu papá que tiene que lidiar con esto todos los días. Ninguna mamá me ha advertido de esto cuando les digo que estoy esperando tu llegada, todas me hablan de las maravillas de tener un hijo, me dicen que disfrute mi embarazo, que es la mejor etapa de mi vida y que será lo mejor que me va a pasar en la vida, ¿en serio? Puedo casi jurar que justo así me voy a sentir en el segundo exacto en el que te tengamos entre nuestros brazos, en el instante que tú papá y yo te escuchemos llorar por primera vez, segura estoy que al verte por primera vez olvidaré todo este torbellino de emociones, sentimientos y pensamientos por el que paso todos los días, es un baño de ministerio público (ya te contaré esa historia) o un campo lleno de flores.
Sea como sea, hijo mío, mi desde siempre amado Javier, te espero con ansias, en los episodios cuando todo es maravilloso, realmente lo es, imagino la vida que tendremos juntos como familia y no puedo esperar a que llegue ese momento, tendrás a los padres más amorosos, dispuestos y entregados a ti que pudieron tocarte. Llegas a nuestra vida cuando ambos estamos listos para emprender un camino dedicado a ti y a nuestra relación, a nuestra familia. Amo sentirte cada mañana, cada tarde, cada noche, es espectacular sentir que un ser que es mitad el hombre que amo y mitad yo, habita dentro de mí y que me lo recuerdes a diario con tus movimientos, me llena de amor, de ganas de vivir, de fuerzas para seguir adelante a pesar de las circunstancias que estamos viviendo por la pandemia por Covid-19.
Javier, eres nuestro motor para seguir adelante, nuestra fuerza para impulsarnos a ser mejores cada día como pareja, como humanos y como padres; y todo eso, sin siquiera conocerte. No puedo esperar a saber de lo que seremos capaces contigo en nuestras vidas.
Te amo, tu mamá.
05 de julio de 2020
No hay comentarios:
Publicar un comentario