martes, 21 de octubre de 2014

Aprendiendo a soltar...

"No traigas a tu mente las cosas pasadas, antes bien piensa en todo lo bueno, en todo lo bello y en todo lo excelso, solo en eso pensar”. San Pablo

De repente el ser humano se aferra a situaciones, emociones, condiciones, sentimientos o personas que lo mantienen fijo, inerte e inmóvil en un estado físico o mental, únicamente porque el recuerdo lo sostiene vivo y con el nostálgico deseo de volver a tener lo que se tuvo o de vivir lo que se vivió. 
¿Qué daría yo por volver a vivirlo?¿Qué daría yo por volver a sentirlo? Tal vez nada sea la respuesta correcta. 
Entiendo que para evolucionar, para ser cosas nuevas, se debe dejar de lado lo que fue anteriormente, y así lo hemos visto siempre, terminamos el kinder para comenzar la primaria, se acabó la secundaria para comenzar la preparatoria, terminamos la universidad para iniciar la vida laboral y fue así como dejando un vacío es que pudimos ocupar ese espacio con nuevas actividades. Fue así como dejando atrás el pasado y viviendo el presente, iniciamos siempre relaciones nuevas, situaciones desconocidas que nos van llenando de experiencias y enriquecen nuestro ser día con día. 
Es importante aprender que debemos dejar ir, soltar, olvidar, perdonar y abandonar todo sentimiento de anhelo al pasado, a las personas, a los hechos, a las circunstancias que nos anteceden. Es imperante la necesidad de vivir en el presente y entender que el hoy será nuestro mañana; tomar lo malo como experiencias y lo bueno como recuerdos debería ser un trabajo de introspección para todos los días. Saber que debemos vivir con nuestro ser, que es la parte divina dentro de nuestra humanidad y que toma todo lo malo que nos pasa y lo transforma en experiencias que nos llevan a la evolución, a ser mejores cada día.
Ser mejor cada día implica aprender a soltar... ¡qué difícil!, pero qué necesario es. 
-CC-

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