viernes, 31 de octubre de 2014

Las perlas son piedras preciosas.

Últimamente he estado en contacto en varios medios de comunicación con información sobre la formación de una perla; en uno de ellos mencionaban que la perla no es una piedra preciosa porque no cubre las características que una piedra preciosa debe tener, como ser de origen mineral, tener brillo intenso, tener un grado alto de dureza y ser muy difíciles de encontrar, sin embargo, creo firmemente que la perla es una piedra preciosa porque además de ser de origen orgánico y creada por un ser vivo, tiene un alto grado de dureza, pero sobre todo, tiene un bello significado.
La perla se forma a partir del daño que sufre la concha de una ostra, herida que permite que dentro de la misma se introduzcan partículas ajenas al molusco; estas partículas son cubiertas poco a poco con nácar, para que el cuerpo extraño no dañe a la ostra. Este proceso de protección, en donde el tiempo es pieza clave, da lugar a una hermosa perla.
¿Y esto qué, Cristina?
Pues, bajo mi punto de vista, se parece tanto al proceso de crecimiento y superación personal humana. El nacimiento de una perla es el vivo ejemplo de la formación y el crecimiento de todo hombre y mujer que es mejor ser humano día con día. Todo lo que nos pasa tiene una razón de ser que lamentablemente no entendemos hasta que pasa el tiempo y vemos el resultado y los por qué y los para qué de lo ocurrido.
Desde siempre me han gustado las perlas, he sentido una atracción por ellas y aunque tengo un par de ellas (piratas), cada que las luzco pienso que para crecer y ser mejor persona, es necesario superar cada uno de los obstáculos que yo misma pongo en mi cabeza. Recuerdo que la vida es una y que es más fácil vivir superando y convirtiendo cada desgracia o decepción humana en grandes lecciones de vida.
Todo ser humano lleva por dentro el nácar necesario para hacer de su vida una perla.

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